miércoles, 17 de agosto de 2016

Decisiones

He pasado unos años alejada de muchas cosas por voluntad propia. También de personas. A raiz de uno de estos saltos con los que parece cambiar mi visión de la vida, decido que he cometido algunos errores de juicio y que hay personas que merecen ser recuperadas porque alejarme de ellas sólo estuvo justificado por mi estado en ese punto concreto. Así es que levanto el teléfono, envío whatsapps. El tiempo no parece haber pasado. Es estupendo reencontrar a gente que quedó en el camino. Me siento bien, ya no les tengo miedo ni siento rechazo hacia ellos. También es curioso ver cómo son sin el filtro de la inseguridad y la depresión. Ver sus fantasmas a plena luz. Y flipar. Encontrarme con personas que ya no son gigantes sino chiquititas y frágiles. Volverlas a querer como son, lamentando un poco el tiempo perdido.

Entonces me quedo un poco más, solo un poco, para ir descubriendo capas debajo del entusiasmo del reencuentro y redescubrir por qué me alejé entonces. Y sentir la punzadita de dolor porque, despúes de todo, aunque por las razones equivocadas, la distancia que marqué, las vallas que interpuse, bien puestas estaban. Pero también sentir la punzadita agridulce de que, después de todo, he sido y soy buena emitiendo juicios y que puedo seguir mi instinto. Que sé tomar buenas decisiones.

Una pena que tenga que darme cuenta así.