jueves, 10 de abril de 2014

Ojos nuevos


De pronto me doy cuenta de que la pantalla del móvil no tiene blancos. ¿Se ha roto? Quizás al llevarlo en el bolsillo he quebrado algo minúsculo y ahora no puede mostrarse ese color (¿o no color?). En su lugar hay un lila palidísimo que lucha por ser pero no es. Tan pálido que casi casi da el pego. Pero no es blanco.

Ni el pulgar estirado junto a la pantalla tampoco. Ni rosa, ni color carne. Es verde clarísimo. Miro la palma de la otra mano. Verde.

¿Se han rebelado los colores, ahora se esfuerzan por ser lo que nunca pudieron?

Lo que está roto no es el móvil. Son mis ojos. Como en esas teles en las que un fallo hace que todo se vea rosa, o azul. O verde, como mi piel.

La calle es naranja. La vida, gris. Las rosas ¿de qué color serán ahora? ¿Y hasta cuándo? ¿Tendré que aprender los nuevos colores de la fruta madura?

Y así recupero, en el trayecto en autobús, un poco de mi cabeza Cortázar.

domingo, 6 de abril de 2014

Tus miedos

De donde se deduce que yo me rompo las uñas contra la pared de tu corazón impulsada por el mismo miedo que te hace a ti alzar tu muro.

¿Es el motor del mundo el miedo y no el dinero o el amor?

¿Todos tenéis miedo?

(Psss… pss.. ¿de qué?)

sábado, 5 de abril de 2014

Miedo

Que dice L. que lo mío no es avidez de conocimiento, ni curiosidad, ni voracidad. Ni ansia ni ansio. Que lo que tengo es MIEDO.

Miedo de no poder controlar, miedo de lo desconocido que puede saltar y hacerme daño. MIEDO.

Por eso necesito un gesto, un movimiento de ceja, una palabra. Para saber lo que quieres y actuar como esperas. Qué difícil, qué imposible. Qué utopía. Qué tremenda gilipollez.