domingo, 20 de mayo de 2012

No hay más ciego

...que el que no quiere ver.

Bueno, en mi caso no es que no QUISIERA verlo. Es que no lo he visto. Es que no lo veo.

A raíz de unos comentarios en la entrada de "Aviso para mis 1.0" descubro, con sorpresa, que no se me entiende un carajo.

A mí. La reina de las letras, la que tanto leía, la de las notas alta en vida académica porque redactaba TAN BIEN. Y digo redactaba porque se ve que ahora ni de casualidad.

Y me hace gracia.

Bueno, también me fastidia un poco.

Porque yo no vengo aquí a hablar de mi libro. Bueno, un poco sí. Pero yo vengo a compartir. Si nadie sabe de qué hablo no sé si se entiende lo que digo como lo pienso. Pero, total, ahora que me paro a pensar, de eso se trata ¿no? Cualquiera escribe y, desde el momento en el que otro lo lee, pierde el texto. Porque ese otro lo interpretará, aprehenderá (oh, mi palabra favorita again, sí), interiorizará, a su modo. Lo hará suyo, lo comparará, creerá que se aplica a esto o aquello, le pondrá un cojincito para que descanse, le peinará el flequillo con saliva o se lo follará vivo.

Sea como sea. Yo no sabía que no se me entendía mucho.

Y después de la reflexión anterior, no me fastidia. O sí, pero lo que me fastidia es no ser capaz de plasmar lo que pienso. Nada que ver con el blog ni con los lectores. Todo que ver conmigo.

No sé escribir de otra forma.

Así es que aprovecho para repetir lo que ya contesté en ese post. GRACIAS AÚN ASÍ POR LEERME y por tener el detalle de pararos unos minutos a comentar.

Quiero pedir disculpas, por otra parte, por ser tan mala anfitriona y no contestar habitualmente los comentarios. Los leo todos, me gusta que os toméis la molestia, me siento arropada. Sonrío, me los bebo a sorbitos calientes.

La causa es que quiero leerlo todo y la única forma de hacerlo es desde el móvil. Y así leo muchos blogs y me encantan, pero al final no comento. Porque escribir comentarios desde el móvil es un rollazo nivel 25 en una escala del 1 al 10. Y encender el portátil para asuntos personales a las mil y monas cuando no puedo con mi alma y sólo tengo media hora de autonomía antes de acostarme, no es que me mate, la verdad.
Un par de veces he comentado tal o cual post en twitter, que es más inmediato y no tengo que andar entrando en la web del blog (normalmente los leo en un reader para Android), recargando, etc. Pero desde que alguien se me quejó de que igual que le había dicho que me había gustado su post ya podía dejarle un comentario pensé que, si así se entendía, para qué.

Y al final lo que queda es que no contesto nada. Y tenéis razón. Pero lo leo todo con avidez. Y algunos posts me conmueven, me gustan a rabiar, me enardecen, me provocan, me producen carcajadas  o me dan ganas de llorar. Y mola.

¿Me está quedando todo esto muy Lina Morgan-Agradecídá-y-emocionadá-solamente-puedo-decir-gracias-por-venir? 

Pues eso.

sábado, 19 de mayo de 2012

Piticli forever

Estoy hasta el moño del Piticli. Hala, ya lo he dicho.
Que no es el Piticli, es la jodía periquita loca. Porque es una hembra, ya lo tenemos claro.
Así es que he ido tanteando a la niña.
Nena, que si regalamos al Piticli, Que qué te parece. Que mira que tal y cual.
Y ella, entusiasmada: VALE, pero cogemos UN GATO. ¬¬
Yo soy la tonta de los gatos, sí. Pero lo que tengo claro clarísimo es que JAMÁS cogeré un gato mientras viva en un piso más alto de un segundo. Que ya tengo experiencia y son dos los gatos que se me han caído de un segundo piso. Y ahora vivo en uno alto alto.

Estoy haarrrta de la periquita, pero también soy blandita blandita con cualquier bicho viviente que necesite mimos. Y en ese rango entran desde Minibere, pasando por el jevi a veces, hasta cualquier animalito no disecado (preferentemente, mamífero) sea cual sea su tamaño. (Bueno, los disecados también me dan mucha penita, pero definitivamente NO necesitan mimos). Y al Piticli le tengo cierto aprecio. Estoy hasta los cojones de ella, pero la cuido, la mimo, le pongo su fruta fresca, le hablo, la suelto. Incongruencias que tengo.

Así es que fuimos a una tienda de animales a preguntar si le ponemos una pareja, para ver si deja de estar como una cabra y para con esa nueva costumbre de picarme, la muy jenízara.

Y salimos sin periquito macho, con varios presupuestos para un acuario y una jaula nueva.

Lo nuestro son las decisiones.

O no.

viernes, 4 de mayo de 2012

Estar fuera

Toda la mañana mirando el reloj, como de costumbre. Y cada vez que pienso: yuju, sólo falta x horas/minutos para salir, se me aprieta el nudo en el estómago.

Porque hay veces que quieres salir pero no quieres lo que significa estar fuera. Y estar fuera significa pensar.

Y hoy necesitaba estar aquí ocupada.

¿Es triste? Nah, más triste es negarlo.