lunes, 26 de mayo de 2014

Un banco al sol

El tiempo en un banco. Un banco cualquiera. Al sol.
No, no uno más. Éste y no otro.
Los ojos al sol, la cara orientada bebiendo la luz. Y a través de la párpados el rojo fuego naranja de la fruta en su justo punto. Madura y caliente.
El tiempo aquí y ahora, lejos de todo, dentro del corazón. El sol y yo. Madera en la espalda. Y piedra a los pies. ¿Soy feliz? He trascendido. Sólo soy luz y fruta encendida.
El tiempo en un banco se estira y deforma. Mi carne arde en un nuevo aire cargado de paz.
Miro el reloj. Y sólo han pasado tres minutos.