domingo, 29 de abril de 2012

Surtido Cuétara

En aquella casa mata, cada sábado, nos reuníamos para merendar alrededor de la mesa con pañitos de croché. Florecitas amarronadas, que con azúcar quedaban rígidas. Las labores de la Matriarca.

Y sobre la mesa, tempranísimo, tortas locas, dulces de bizcocho empapado, café, azúcar. Todo me parecía dulcísimo e insoportable . Pero mi gula hacía que buscase lo único que no me desagrada en exceso: las galletas de chocolate del surtido Cuétara.

La caja dominando la mesa y yo buscando los cuadraditos envueltos en papel naranja, los rectángulos, en verde. Con sus festones.

Tardes de cartas y relevos alrededor del festín.

Galletas que, con la humedad de una ciudad costera, a veces estaban manidas. Reblandecidas, húmedas. No me gustaban pero era eso o nada si no había pan con manteca y azúcar suficiente. Galletas de las que siempre sobraban las mismas, esas que no quería nadie.

Yo me preguntaba cómo podía gustarle a alguien ese invento de galletas que sabían todas igual: a rancio y a viejo.  Viejo como la Matriarca, con su roete de pelo blanquísimo, siempre de negro con algún estampado menudo, nervios y mal genio a la par.

Y ahora una caja de surtido Cuétara es un billete al pasado. Un flash gustativo que siempre sabrá a manido, a dolor punzante del dulce en mis dientes picados, a casa vieja, hiedra y café. Con el asco que me daba el café.

A mis tías, el cinquillo, mi prima la consentida por eso de la epilepsia. Y también su diente roto, mi dedo mordido, la cajita de música que unos clientes olvidaron en el hotel de mi madrina,  Epi y Blas hablando en castellano y qué raro me sonaban, mi tío alcohólico, el bar de Pepe, siete en un seiscientos, casera en botella de cristal.

Y todo eso en una caja de galletas.

sábado, 28 de abril de 2012

Borradores

Y vuelvo a las andadas: cuando tengo las ideas y las ganas de escribir es cuando no puedo hacerlo. Ahora, después de lo que me parecen siglos, por fin me siento y ZACA: eso del papel en blanco que tanto nombran en cualquier cosa que tenga que ver con la creatividad. Ese cliché tan usado que ya se transparentan los pezones a través de él. Y con agujeros.

El caso es que se me enciende la bombilla y creo descubrir la pólvora cuando dirijo el puntero del ratón hacia el botón de “borradores”. Menos da una patá en los coj… como dice mi padre.

Y ¿qué me encuentro? A parte de una nueva confirmación de mi torpeza en forma de tres posts guardados en blanco, a saber: dos o tres que no han sido publicados porque no quiero; uno o dos que son malos de narices (sí, aún más #encerio) y uno o dos que no están mal pero que no me atrevo a soltar. Los primeros porque son cosas que no quiero que determinada gente lea, ideas que pueden parecer iguales a otras pero que tocan puntos demasiado personales. Los últimos PORQUE NO LOS CONOZCO.

Que manda narices. Algo que he escrito en algún momento y que no recuerdo. Pero no es sólo eso, es que ni pajolera. Ni qué lo inspiró ni quién ni por qué ni qué significa.

Otra confirmación más de que yo no hago conexiones neuronales: mis células grises deben de andar flotando, cada una en una punta, agitando sus axoncitos y salpicando las paredes que las contienen en un líquido viscoso donde debía de haber un cerebro. Se ve que, de vez en cuando, dos se encuentran y CHAS, chispita. Pero también se ve que no debe de ser lo habitual.

Y así soy.

domingo, 15 de abril de 2012

Aviso para mis 1.0

No me gustaría explicar mis posts, así es que vaya este aviso por delante.

Sigo atada por casi todo, pero algo de cuerda debo dejarle a mi alter ego cibernético. Si no, no podría escribir nada.

Así es que, por favor, prefiero que no haya preguntas ni películas.

A veces me inventaré un poco, a veces todo. A veces hablaré en presente del pasado o le escribiré a alguien que no existe, que no existió o que sigue presente. Gritaré, lloraré, reiré los asuntos que no quedaron resueltos.

Seré todo lo drama queen que quiera porque ya sabéis: este es mi blog y melofo. Y eso no significará que esté mal en ese momento ni al borde del suicidio por sobredosis de pan con nutella.

Exageraré. Mentiré. Diré verdades como puños. Contaré recuerdos que, de veraces, duelen como alfileres.

Diré cosas feas, pintaré de negro o haré del descubrimiento del verde la definición de lo histriónico.

Intentaré sacar momentos de felicidad empalagosa. Haré fotos borrosas de la luz cuando me inunda.

Y a lo mejor no os gusta. O a lo mejor sí.

sábado, 14 de abril de 2012

Cruces II

Lo malo de creer que se avecina un abandono es creer que se avecina. Y sufrir por cada minuto que lo piensas más cerca. Y lamer agradecida la mano al menor gesto, no vaya a ser el último o te inunde de las endorfinas del "no pasa nada, es tu paranoia, deberías conocerla".

Lo malo es dejarse llevar por los reproches que acelerarían el proceso pero dolerían tanto. O arrancar la tirita de golpe para sufrir el máximo dolor concentrado en el gesto y así evitar la larga agonía. El desgaste. Porque ya no estoy para perder el tiempo. Esto es lo de la zorra y las uvas, lo de tirar el puñado de arena por la ventana en lugar de dejar que se escapen los granos despacito.

Todavía algo me dice que la experiencia no lo es todo. Que puede haber otras transiciones. Claro que yo siempre he sido estúpidamente optimista. Una ilusa.

viernes, 13 de abril de 2012

Cruces

Te estás yendo de a poquitos. Creo que lo sé desde el primer paso a destiempo.

Pero ahora el miedo es distinto porque está muy lejos, como debajo de varios almohadones. Está cansado, ha dejado de luchar. Es lo que hay y es estúpido derrochar energía inútilmente.

¿Eso es que estoy madurando?

En un momento concreto ha llegado el cruce de caminos. Y luego la bifurcación. Y luego.

Te me escapas entre los dedos como la arena. Porque nunca has sido de mi propiedad, faltaría más. Ya sé que no te debes a mí, ya sé que no te pondrías de mi lado incondicionalmente. Pero me he acostumbrado a ti. No es eso, pero no sé explicarlo. Te estoy echando de menos y aún nos queda tiempo. Pero déjame decirte que me dueles.

Entre las mil cosas que he aprendido este año, está la de no ser la zorra de las uvas y tirar el puñado de arena por la ventana, con rabia, incapaz de soportar las despedidas lentas tácitas que no son despedidas sino adioses. Tú no me abandonas, es que yo no te quiero a mi lado.

Pero ahora estoy intentando no hacerlo. Y por el momento me está saliendo. No prometo nada.

Quiero disfrutar de tu compañía tanto como pueda. Hasta que sigas caminando y te pierda el rastro. Sólo quería que lo supieras. Bueno, no. Sólo me he dejado llevar por el impulso de escribirlo.

lunes, 9 de abril de 2012

Escuchando

Tú hablas y yo te escucho. Te escucho con las manos, a través de la piel de todo mi cuerpo. Te escucho embelesada, con los ojos, abriéndolos como esponjas, colgada de tu boca y de tu voz.
Y no hay nada malo en ello, estoy aprendiendo. Aprendiendo a ver el mundo con tu mirada. Porque es interesante, porque es como beber de un libro. Que puede ser un fiasco, claro, pero eso no me detiene porque tengo mucho que ganar.
Tú te extrañas de mi silencio y lo confundes con desinterés o cansancio. Y cómo explicarte que todo lo contrario y que, en este último año, he descubierto el placer de escuchar sin condiciones. No necesito revelar mi rollo, sólo aprehender. Y me fascina lo que no conozco.
Estoy callada porque estoy masticando despacio, más bien rumiando, las oleadas de nuevos marcos cognitivos, de inesperada información. Sabores buenos y malos que no conocía ni concebía. Tomo consciencia de lo pequeño de mi mundo. Esto es un vértigo de feria, cosquillitas en el estómago, miedo en la nuca.
Y está bien.

domingo, 8 de abril de 2012

Deberes morales

Que lo mismo me estoy equivocando con mi elección entre el deber y el placer, pero eso no es algo nuevo.

Hace poco he decidido ponerme en marcha y moverme hacia a algo que CREO que debo hacer. Pero en el caracol del oído tengo un bicho amarillo y minúsculo que me grita pero qué haces, pero si eso es aburriiiiiiiido, pero si escapa a tu entendimiento. Y es verdad, el aburrimiento es tal que me cuesta un esfuerzo sólo pensarlo.

Y entonces a lo mejor no era tan buena idea. Y que lo hago porque “es lo que hay que hacer”, porque si no, menuda inconsciente, porque… bueno, HAY otra razón, pero es una de esas cosas que voy a callarme.

Quizás no deba forzar lo que no es. No veo cómo podría dedicar energía a algo que no me entusiasma. Y pienso en lo que sí lo hace.

A lo mejor no es mi sitio y punto. A lo mejor no es una batalla que quiera librar. A lo mejor puedo ser más útil haciendo algo que realmente me motive, me llene el pecho al respirar y dedicarme a eso.

A lo mejor podría hacer lo anterior y no sentirme culpable.

sábado, 7 de abril de 2012

Cuando yo era mocita

Así empiezan algunas abuelas a contar sus batallitas.
La mía suele decir "cuando yo era joven".
Y todas eran guapísimas y tenían a un montón de hombres detrás. Que digo yo que va a ser cosa de la contaminación o algo si resulta que hace 50 o 60 años no había ni una fea en el mundo. Bueno, sin contar a Margaret Thatcher o Yootha Joyce.
En fin, a lo que iba. Que cuando yo era mocita, joven, es decir: cuando no tenía a Minibere, podía quedarme hasta las mil escribiendo (como hoy). Pero esta niña lista, guapa, buena y que come de miedo no podía ser la niña perfecta. Así es que me ha tocado una hija QUE NO DUERME o que se despierta chorromil veces.
El caso es que entre el trajín que es estar pendiente de un bicho y que no descanso, pues no escribo. Ea.
Que he retomado el blog con renovadas intenciones, pero aviso, por si acaso. Si no puedo con mi alma, si no tengo tiempo o si prefiero acostarme junto a su cuerpecito suave para dormirnos abrazadas, ya le pueden ir dando al blog.
Sin acritú.

viernes, 6 de abril de 2012

El título

Y dado que "Lágrimas en la lluvia" quedaba como de emo total, he estado un par de veces por abrir otro blog y se me han ocurrido los mil y un nombres.

Y me he quedado con este: sólo es cuestión de resbalar.

No tengo ni la más remota idea de dónde saqué esta frase, pero ha sido una especie de mantra en mi cabeza durante años.

Al igual que cuando me ponía nerviosa recitaba números mentalmente (por lo general, empezando por el 24 o así) esta frase de pronto aparecía en mitad de mi pensamiento salida de la nada.

Es sólo cuestión de resbalar ¿hacia dónde? Hacia la nada, hacia la calma, hacia el pozo, hacia una madriguera de conejo llena de maravillas. El pozo es la imagen mental de la depresión. Un pozo que hace tiempo que no visito ni tengo intención de hacerlo. Soy feliz. 

Lo de los números lo tengo controlado: se exactamente cómo empezó y por qué. Lo de esta frase: ni pajolera.

Pero ahí está.

Gracias por volver a leerme. Escribir y dejarse llevar es sólo cuestión de resbalar.

jueves, 5 de abril de 2012

La muda

¿Por qué cerrar dos blogs?
¿Por qué abrir nuevos?
Porque me tiran de la sisa. Porque he crecido, cambiado, mutado. Porque soy la misma.
Porque esta piel de serpiente se me ha desprendido y debajo estoy yo, con mis colores deseosos de brillar.
Negros, verdes, amarillos, con anillos rojos, con escamas y plumas.

Me gustan las cosas redondas, me gusta la simetría. Me fascina el concepto de los anillos de Moebius. Por eso ambos blogs se cerraron con el mismo post con el que se abrieron y sólo un par de personas se dio cuenta.

No sé cuántas veces he dicho que no abriría otro, que sí lo haría.
Es que, veréis, no me gusta dar explicaciones de algo que no debería tenerlas.
Es que, veréis, cambio de opinión como cambia el tiempo.

Me pican las puntas de los dedos y pienso que para qué otro blog. A a la vez.
Que soy una pesada.
Que me repito.
Que no hay nada nuevo.

Entonces pienso que por qué no otro blog y se me ocurren mil nombres: "Lágrimas en la lluvia", porque me produce un vértigo de agujero a la altura del pecho que se me llena de viento frío pensar que todos mis recuerdos se irán. Que puedo contarlos pero que no los sentís, no los oléis, no os duelen, no os hacen felices.
Es ridículo. Lo es.

Pero si nadie recuerda el tacto del pelo de mi perro, el olor de la hiedra y la tierra mojada en el patio de la casa mata, los cementerios minúsculos de arena que hago con un dedo en la playa cuando me tumbo boca abajo... Todo se perderá.
Y a mí no va a importarme, porque estaré muerta. Pero no soporto la idea de que desaparezcan y se pierdan.
Es ridículo. Lo es.

Yo quiero escribir cosas con luz, que den mucha risa y que sean dinámicas. Como creo que hablo a veces. Pero me salen post deeeeeeeeeeensos y oscuros.
Sé redactar pero no logro acercarme a lo que pienso. Sólo a veces.

Yo quiero escribir lo que pienso pero no puedo. Necesito demasiado la aprobación de los demás. Me resulta demasiado difícil soltar algo que va a enojar, a doler. No soporto que me malinterpreten. Y escribir un blog es asumir que me tengo que joder, que es lo que hay si lo escribo.

Entonces pienso que por qué no otro blog y liberarme de la piel muerta de los anteriores.
Renovarse y revivir. Tirar los trastos viejos.
Los cambios son buenos. Estoy convencida.