lunes, 25 de enero de 2016

Metamorfosis y abanicos

Otras veces he mudado la piel, como las serpientes, como los insectos. Pero ahora mantengo la misma, por curtida, por amada, porque es la que tengo y la que me toca. Porque es mía y no quiero cambiarla cuando no lo necesito.
Ahora mudo por dentro o desde dentro. Qué liberación, qué aire fresco entre las costillas. 

Ya no es tan fácil resbalar. La imagen de un pozo a mis pies por el que caigo despacio pero sin remedio ya no es recurrente. He salido por el brocal y ahora piso la hierba mojada. Eso significa frío, humedad, dolor si me clavo una piedrecita; pero sobre todo calor, cosquillas y felicidad. Eso significa vida.

Incluso el miedo es parte de sentirse viva. Esto no es una metamorfosis, es abrazar y comprender lo que soy. Aceptarlo y jugar mis cartas. Y las tengo buenas, lo sé. Algunas me han tocado en suerte y otras las he ganado. Vuelvo a cosas que había olvidado y que estaban a la luz del sol: sentirme capaz, hablar con los extraños, entusiasmarme por las cosas. Ser yo misma sin imponerme ser mi propio juez y condenarme. Porque nadie es juez de nadie. Y porque voy a disfrutar de todo lo que tengo.

He perdido a personas por el camino. Algunas las lamento, otras no tanto. Perder a los que verdaderamente nunca les importé es pura higiene. Profecías autocumplidas y gente sin corazón mezclados. No veo por qué intentar ganarme el aprecio de gente a la que, en el fondo, desprecio. Así de incongruente es una a veces. Adiós.

Hola, abanico de posibilidades, frase manida pero delante de mí: a mi alcance. Y hay tantas opciones, tanto poder para escoger o decidir que puedo ser lo que quiera. Y sé qué es lo que quiero: quiero ser feliz.

sábado, 23 de enero de 2016

Reencontrarse con alguien a quien no conoces

Where are you now?
Cuz I don't want to meet you
I think I'd die--
I think I'd laugh at you--
I think I'd cry--
What am I supposed to do,
Follow you?


Qué desilusión. 
Recuerdo ahora la letra de Careless Memories, de Duran Duran. Me he preguntado que haría si te encontrase un día por casualidad por la calle. Suponía que me quedaría callada, esperando tu reacción. Otras veces se me venía a la cabeza una versión de Aladino en la que el genio había pasado muchísimos años encerrado en la lámpara. Al principio, se prometió cubrir de oro a quien lo sacase y luego fue cambiando el premio hasta enfadarse tanto por ver que nadie lo liberaba, que decidió matar al primero que le hiciera salir. Así pasé del ansia, de la tristeza, de la angustia de ignorar el por qué y del dolor de echarte de menos a la rabia, la desazón y, finalmente, a la indiferencia. Pasé de querer abrazarte a darme la vuelta sin mirarte y luego a... nada. Si algún día me cruzaba contigo, simplemente nada. Como si no fueras quien habías sido, como una conocida cualquiera. Cómo estás, qué tal la familia. Yo bien, gracias.

La indiferencia me ha costado años. Porque necesitaba ENTENDER. Entender por qué mi mejor amiga del alma durante gran parte de mi vida, esa que supuestamente era mi sostén y yo el suyo, había desaparecido del mapa sin mediar palabra. De vernos semanalmente a no cogerme el teléfono ni responder mails o mensajes. Tragada por la tierra. Con frecuencia he soñado que te encontraba y que me pedías disculpas o que me despedías con cajas templadas porque no querías saber nada de mí. Y yo me despertaba y se me saltaban las lágrimas. No sé cómo o por qué te quería tanto.

A raíz de una reunión de ex alumnos me reencuentro con gente de hace 30 años. Y tú debías estar en ese grupo, pero no estabas. Me hablaron de ti, te recordé. Y ahora que había llegado el desapego y que por fin he hecho mío eso de los caminos que se cruzan y se dividen y no exigir nada a nadie, decido que, como no me importa, por qué no mandarte un "hola" sin compromiso. Y zas, respuesta en avalancha: que quieres verme, que cuándo, un día, una hora e incluso un sitio especial para celebrar el momento. ¿Celebrar? No lo entiendo, pero siempre me gusta conocer lugares bonitos.

¿Celebrar? ¿El qué? Borrar de un plumazo los años de desaparición sin explicaciones ni aún cuando no sabía si realmente te había sucedido algo. Bueno, borrados están. No significan ahora apenas nada. Pero no sé qué hay que celebrar si tú ya no eres tú y yo, sobre todo yo, ya no soy yo. Me ha alegrado verte, me ha gustado saber qué ha ocurrido este tiempo. Te he contado un poco sobre mí. No sabías que había muerto mi padre. Ni tantas otras cosas que no sé por qué tendría que contarte. No necesito ponerme al día contigo. 

¿Puede parecer que hablo desde el rencor? No. Hablo desde la sorpresa. No se ha hundido el suelo, no se me han llenado los ojos de lágrimas, no me ha inundado la alegría ni la rabia ni la tristeza. Es que ya no eres. Ya no soy. Eso me apena un poco, pero es normal. Me dices que nada sucedió, que simplemente perdimos el contacto. Yo alucino pepinillos, pero no discuto. Decidiste no estar y ya. Era tu decisión. Crees que es un problema: no lo sé. Para mí no, SIEMPRE QUE LO HUBIERA CONOCIDO. 

Ahora me asombra que de pronto quieras recuperar el tiempo perdido. Pero el tiempo no se recupera. Simplemente fluye. Si quieres algo de mí no tengo ninguna puerta cerrada, pero ya no somos amigas, corazón. No porque yo no quiera, sino porque no lo siento así.

Porque sin etiquetas ni reflexiones, siento cuándo se me alegra el corazón de ver a alguien, y cuándo me pongo a hablar a borbotones porque me encanta su compañía y sus ojos en los míos. O cuándo habla y me bebo sus palabras porque me gusta saber qué piensa, qué opinión tiene, qué pasa en su vida. Y verte estuvo bien, pero no me desbordé, ni tampoco quería saber todo lo que me contases. 

Entiéndeme, fue agradable. Pero no me llenó el corazón, ni fue un día especial en mi vida. De hecho, ni siquiera se lo he contado a L. No por despecho sino por lógica. Cómo voy a seguir queriendo sin medida a alguien de quien se me habían olvidado cosas y que me pareció una completa extraña cuando la reencontré.

A lo mejor volvemos a querernos. No tengo ni idea. Pero de golpe y porrazo seguro que no.



jueves, 1 de octubre de 2015

Amuletos

Placebos, ilusiones, clavos ardiendo: algo a lo que agarrarse. Cuando no crees en ningún dios y no hay... ¿esperanza? Es difícil para mi cabeza occidental educada en el politeismo y las supersticiones. Reniego de las mil vírgenes, santos y cristos, de los gatos negros, las escaleras y la mano de Fátima. Y niego lo divino, a voces. Porque tengo que reafirmarme y porque hay una voz más delgadita y fina a la que intento ahogar, pobrecita, con la almohada en mayúsculas del Escepticismo. Niña que me susurra las 8000 divinidades sintoístas: árboles, viento, rocas. Y yo no me rindo, porque los dioses no existen, pero sí esa paz que se expande desde los pulmones, como una luz de los santuarios. No hablo de templos de piedra. Hablo de bosques, agua, tierra. Jardines interiores con cascadas, puentes de madera rojos. Y cuervos. Cuervos negrísimos que brillan como enormes azabaches y gritan con voces humanas. En Japón me han hablado de carpas que se convirtieron en dragones y me han contado que los gorriones traen felicidad. Los miro posados, gorditos y redondos. Y siento que DEBE DE ser así, por qué no. Que yo no creo en nada de eso, pero que contemplarlos me hace bien. Eso no puede ser malo. Y al salir de uno de los templos que he recorrido, compro un amuleto de tela bordada. Porque es bonito,  porque sus colores suaves me hablan de madera, olor a mojado y campanitas de cristal al viento. Y ya no sé si es superstición, pero me hace sonreír y me ilumina por dentro. Y eso, definitivamente, no puede ser malo.

lunes, 10 de agosto de 2015

Dulce

Todos los días salgo de casa con los bolsillos llenos de miel. Y voy soltando pegotes por las calles, los semáforos y los árboles. Hundo los dedos en el ámbar dulce y acaricio el mundo con ellos.

Sé que muchos pensáis que es una pérdida de tiempo, pero por una sola mosca que sonríe merece la pena. Una vez contentas, ya no ven el bote y la tapa.

Se cazan más moscas con miel que con vinagre.

sábado, 8 de agosto de 2015

La luz

Alcanzada por la luz, clavada en un baño de energía. De entre las nubes brotando el fuego frío, rompiendo la brisa brutal y arrasando con el murmullo de las hojas. Los árboles dejan de frotarse, no hay lugar para el tiempo. Y así, congelado el sonido en un silencio que ensordece, éxtasis berniniano de Santa Teresa, crucificada en el rayo, encendida. Quiero morir aquí llena de luz. Quiero deshacerme en humo blanco empachada de sol. Y sonreír brillante para siempre.

martes, 21 de julio de 2015

Un día más

Regálame un día más. Uno solo pero uno cada vez. Un día más de tu presencia, tu sentido del humor, de tu mente clarísima, de tu cariño. Un día más de tu lucidez y tu apoyo, un día más de tu cabecita loca.

Cada día, cada minuto, es una batalla ganada a lo que no es bueno. Se le empuja y se le hace saber que no va a poder ser esta vez, que no te vas a rendir y nosotros tampoco. Porque donde falle tu fuerza están las nuestras. Y porque tu fuerza es más que la de los demás. No me importa recordártelo mil veces. Por un día, solo uno. Pero uno cada vez.