domingo, 14 de diciembre de 2014

La Aloeicida

Una vez la Malaputa me regaló una planta. Yo no sabía qué hacer con ella. Ni entendía por qué me la había traído. Es verdad que eran “hijos” de su aloe y que también le había traído otros a las demás, pero sigo sin comprenderlo. Si me odiaba, si me hacía la vida imposible, si buscaba la mínima ocasión para hacer daño ¿por qué tener un detalle bueno conmigo? Supongo que por aparentar que nada tenía en mi contra.

Pobre aloe. Él no tenía culpa de nada. Pero yo me negaba a cuidarlo. Lo dejé en casa y no volví a ponerle la vista encima más que para certificar su defunción y tirarlo a la basura.

Al cabo de un tiempo me preguntó por él. No veía por qué mentir, le dije que se me había secado, que no tengo mano para las plantas. Y me trajo otro.

Y también lo dejé morir. Como en “Cría cuervos”, si por casualidad se topaban mis ojos con él, recitaba: quieroquetemuerasquieroquetemueras. Ni agua ni luz ni pena. Era una puta planta, por favor.


Sin embargo, escribo esto. Pobre aloe. Pobre

jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuando morí

"Cuando murió mi padre..."

Parece una frase de novela, pero no. Es una sentencia (de muerte) cerrada y completa porque no tiene revés. Cuando murió mi padre, como iba diciendo, la mezcla de ideas y sentimientos era un coctel imposible de sensaciones abstractas. O no sé cómo llamarlas. Sensaciones fuera de la realidad pero tan tangibles. Todo se dio la vuelta y perdí hasta la noción de identidad. No ya del tiempo, que pareció ir hacia atrás y, a ratos, hasta detenerse. Mi padre era yo y yo era mi padre. Como si de repente a mi persona le faltara un trozo que la definía. Mis ojos mirándome desde la foto de su comunión, su boquita apretada como la mía a una edad parecida. Y en sus/mis ojos el pensamiento. Saber qué pensaba en esa foto porque lo pensaba yo. Con sus manitas asiendo el librillo, de blanco.

Papá, yo eres tú. Sobre todo en esa foto. Pero cómo y por qué ya no estoy si sigo estando. Si soy yo la de la foto pero ya no estoy, pero ya no estamos. Como si se hubiera apagado un pedazo de mí misma y ya no supiera quién soy o justificar mi presencia. Tú no podías irte porque estabas en mí pero a la vez estaba el hueco horrible. El de no saber cómo celebrasteis ese día de comunión, el tacto de tu perra, el placer de los corales, los avatares del estraperlo, el mar en la piel.

Sentir que somos la misma persona, yo que tanto me he enorgullecido siempre de nuestros defectos y virtudes. Del despiste que nos hace tantas putadas, de ser demasiado confiados, de la extroversión, de creer que todo lo que viene es bueno, la intolerancia a la frustración y los caprichos. La pasión por la tecnología, el ansia por aprender.

Pero no somos la misma persona. Me ha costado mucho entender que no he muerto yo también y que me arrastraba nuestra identidad común. Me ha costado entender que es justo lo contrario. Que estas vivo en mí porque eres parte de mí para lo bueno y lo malo. Genética y emocionalmente. Que este cachito de corazón renegrido que se me ha muerto es que he envejecido, pero solo un poco, porque me faltas tú. Pero que este mismo rincón es negro de esponja y amor donde atesoro tus/mis ojos, nuestro olor y nuestro dolor.

Descansa en paz, papi. Descansa dentro de mi pecho, entre las costillas, iluminando mis días. Porque vives en mí. Y yo en tu nombre.

sábado, 26 de julio de 2014

Me gusta

Me gusta el sol de invierno pero, sobre todo, el de primavera.

Me gusta el roce suave y blando de mis muslos al andar cuando llevo falda.

Me gusta la brisa fresca y que me revuelva el pelo o me levante el flequillo.

Me gusta el ris-ras del zapato con media, autocaricia no planeada.

Me gusta su cuerpo que huele a niña y los abrazos en la cama.

Me gusta el frescor dulce del melón en mi boca. Y en la suya.

Me gustan sus ojos chinitos por la mañana y me gustaría besarle la frente y decirle que ya, ya, un poco más.

Me gusta cerrar los ojos en el metro y evadirme.

Me gusta abrir la tapa de la funda roja con lunares del ebook y preguntarme qué quiero leer hoy.

Me gustan los masajes en los pies.

Me gusta levantar la vista y encontrar sus ojos, complicidad implícita y secreta.

Me gusta fijarme en los zapatos de la gente cuando estamos sentados.

Me gusta salir del agua y tenderme bocabajo en la toalla, sintiendo los puñalitos en la espalda del sol. Y hacer pequeñas tumbas con el índice y usar piedrecitas enanas como lápidas.

Me gusta escribir.

¿Qué te gusta a ti?
¿Te gustan los memes?

viernes, 25 de julio de 2014

Cierra los ojos

Cierra los ojos. Cierra los ojos para que no puedan verte y las cosas pasen de largo. Que no está sucediendo, que no hay nada, que no estás. Que no eres más que terciopelo negro con estrellas tras los párpados y latido lento al respirar.

Deja que pase y lo sientas en el levantarse del flequillo, en el aire en la cara cerca del tren que acaba de dejarte atrás.

No sentir, no temer. La sangre circulando despacio, las manos calladas y la piel cerrada. Como los ojos.

Cierra los ojos. Cierra los ojos y escóndete.

lunes, 14 de julio de 2014

Lejos

Sola en el trabajo, con mis tareas, huída, tirando serpentinas como desde un barco. Que apenas si llegan a manos blandas o se parten en confeti, por lo de papel y todo eso.

Sola en el coche, camino a casa, peleándome con la flamante radio que hoy se empeñaba en que tocaba Intereconomía cada vez que Manolo García llegaba al "que se derrumben las paredes sobre mí que en tu regazo supliqué".

Sola en el parque y en la piscina, intentando atrapar el sol en la cara para ver si me ilumina por dentro.

Sola en casa. Cada uno a su espacio.

Sola entre tanta gente. Y cada vez más lejos.

domingo, 29 de junio de 2014

Echar de menos

Echar de menos la idea de un consuelo. La idea, porque no es tangible pero, sobre todo, porque nunca ha existido.  Echar de menos un cariño inexistente y unos lazos que no se ataron jamás. Echar de menos tu presencia, cuando no es que te marcharas, es que no habías venido.

Echar de más, porque me sobra, esta sensación de fracaso y de culpa por escribir en el aire lo que necesitaba. Por crear tu figura compactando jirones con las nubes. Y duele ser Antoñita la Fantástica en esta despedida que no es, porque no hubo bienvenidas. Las dibujé en mi cabeza.

Porque no lo sabías, no querías, no te importa, no me conoces y yo, simplemente, te inventé.

viernes, 20 de junio de 2014

No estoy triste

Es que ahora escribo así.

Mucho más desde las tripas. Aunque guste bastante menos. Soy así también: Mari-Intensa. Soy yo, lo sigo siendo.

Qué le vamos a hacer.