lunes, 14 de julio de 2014

Lejos

Sola en el trabajo, con mis tareas, huída, tirando serpentinas como desde un barco. Que apenas si llegan a manos blandas o se parten en confeti, por lo de papel y todo eso.

Sola en el coche, camino a casa, peleándome con la flamante radio que hoy se empeñaba en que tocaba Intereconomía cada vez que Manolo García llegaba al "que se derrumben las paredes sobre mí que en tu regazo supliqué".

Sola en el parque y en la piscina, intentando atrapar el sol en la cara para ver si me ilumina por dentro.

Sola en casa. Cada uno a su espacio.

Sola entre tanta gente. Y cada vez más lejos.

domingo, 29 de junio de 2014

Echar de menos

Echar de menos la idea de un consuelo. La idea, porque no es tangible pero, sobre todo, porque nunca ha existido.  Echar de menos un cariño inexistente y unos lazos que no se ataron jamás. Echar de menos tu presencia, cuando no es que te marcharas, es que no habías venido.

Echar de más, porque me sobra, esta sensación de fracaso y de culpa por escribir en el aire lo que necesitaba. Por crear tu figura compactando jirones con las nubes. Y duele ser Antoñita la Fantástica en esta despedida que no es, porque no hubo bienvenidas. Las dibujé en mi cabeza.

Porque no lo sabías, no querías, no te importa, no me conoces y yo, simplemente, te inventé.

viernes, 20 de junio de 2014

No estoy triste

Es que ahora escribo así.

Mucho más desde las tripas. Aunque guste bastante menos. Soy así también: Mari-Intensa. Soy yo, lo sigo siendo.

Qué le vamos a hacer.

martes, 17 de junio de 2014

Lluevo II

Tengo que recuperar el tiempo perdido y compensar todas las lágrimas que no lloré de pequeña. Y son tantas que no sé si algún día saldaré la cuenta.
Así es que me derramo al mínimo roce con el dolor de cien agujas. Espinas de rosas antiguas que hace ya mucho que no existen.
Y me llueve el dolor en lágrimas que arden piel abajo, lava de cristal silenciosa. Despacio y sin gemidos.
Porque es una pena sorda que de viva arrasa sin opción a ver, a pesar de tener los ojos abiertos.
Lloro y lluevo por cada pequeño secreto que quedó incompleto.
Por mis animalitos muertos, por las arrugas de su rostro, por sus manos fuertes y todopoderosas, por niños que no conozco, amaneceres rotos y canciones que no podré reconstruir. Por las despedidas pendientes, por una cría de cinco años que no entendía nada, por la adulta que se niega a aceptar el cansancio.
Lloro y lluevo por las primaveras que te pierdes, por negarme lo que ansío, por Alicia huída, por cascabeles perdidos.
Por los muros y esa forma de empujarme lejos, por su soledad y la vida rota. Por la distancia, los malentendidos. Las cortinas grises y la falta de atención.
Todo es una pelota roja atravesada en la garganta. Y no encuentro consuelo porque no existe.
Hasta que me puede el peso del aire y abro los ojos sin comprender cómo pasó la tormenta. Sabiendo que volverá.

lunes, 2 de junio de 2014

Iván

Iván el Terrible, pequeñito y lejos. Tan lejos. Te revuelves el pelo intentando adivinar, intentando quitarme velos y capas de palabras. Y yo me dejo. Porque no eres terrible, no puedes serlo.

Confío, sin histrionismos (pero sólo durante un rato).

Iván el Joven, el rebelde. Bálsamo deseado. Cierro los ojos y aprieto fuerte, porque tengo que necesitarte. Y me resisto a hacerlo.

domingo, 1 de junio de 2014

Caer en la cuenta

Caer en la cuenta de que sigo aquí, que sigo siendo yo a pesar de todo, se me hace duro a ratos. Arrastrar los pies por las mismas calles reconociendo el eco y los pasos a través de él es un milagro sin emoción, un latido sostenido durante un segundo antes de bajar la cabeza con un suspiro.

Sigo siendo yo, sigo estando aquí.

Cometiendo los mismos errores pero aprendiendo también a mantenerme en pie, a no quedarme mucho tiempo abajo, escalando las paredes que me impongo.

Utilizando mis debilidades para agarrarme al viento, abrazada al árbol de la impaciencia, trepando al son del minuto blando. Y dejando que la luz me atraviese como una espada redentora sobre la que sostenerme también.

Sigo siendo yo, sigo estando aquí.

Caer en la cuenta y decidir que puede ser una ventaja.

lunes, 26 de mayo de 2014

Un banco al sol

El tiempo en un banco. Un banco cualquiera. Al sol.
No, no uno más. Éste y no otro.
Los ojos al sol, la cara orientada bebiendo la luz. Y a través de la párpados el rojo fuego naranja de la fruta en su justo punto. Madura y caliente.
El tiempo aquí y ahora, lejos de todo, dentro del corazón. El sol y yo. Madera en la espalda. Y piedra a los pies. ¿Soy feliz? He trascendido. Sólo soy luz y fruta encendida.
El tiempo en un banco se estira y deforma. Mi carne arde en un nuevo aire cargado de paz.
Miro el reloj. Y sólo han pasado tres minutos.