sábado, 22 de diciembre de 2012

Todo que contar

Escribo poco por muchas razones. Una de ellas son dos. Las ideas negras. A saber:

  1. El impulso más fuerte por escribir suele ser el de las ideas negras. Es decir, el de la tristeza, la rabia, la autocompasión, el histrionismo y los extremos. Cuando no veo luz y todo se me hace un peso que me asfixia.
  2. Cuanto más negras son las ideas, cuanto más triste, más se me cierran los dedos y no consigo estirarlos para teclear. Que ya bastante duele como para echarlo, estirarlo, contemplarlo sobre el fondo blanco, fascinada por el vómito.
Y para qué es un blog si no para compartir, para vomitar rabia o arco iris (derechos de autor: Bich75). Pero para qué es un blog si no es un ejercicio de narcisismo. Y si mola, pues bien. Y si no, es un pedazo más de basura flotando en la red, como los muertos por el Espacio en las películas de ciencia ficción.

 

lunes, 29 de octubre de 2012

El don

No hace mucho ni poco, me dijeron que tenía una cualidad positiva (¿en serio?): el don de la observación, el de estar pendiente de pequeños gestos faciales, difusos fruncimientos de ceño, medias sonrisas, miradas y lenguaje corporal. Habría que preguntarse qué tiene de positivo aprender con avidez a buscar gestos de desprecio o confirmación para moverse según lo que no ofenderá o según lo que crees que los demás quieren oír.

Pero cada vez menos. Afortunadamente.

Lo malo es que no sé dónde termina lo observable y empieza la paranoia.

Como cuando creo adivinar en tus ojos una chispa plateada. Como en las pelis de ciencia ficción, como en los dibujos. Chispa de relámpago blanco que me mostrase una escena no deseada. Una escena que, durante ese segundo, se te escapa como un rayo o no te importa derramar, como si la tirases con ballesta. Certera e hiriente. Ese sentimiento flecha que me mata devorándome el hígado cada vez, Prometeo y el águila. Porque ese brillito fugaz de estrella es de odio profundo.

Me odias. Y lo siento en la piel, electricidad en el aire.

Sé también de tu frustración al no poder manifestarlo. Sé de tu rendición. Sé qué te han encadenado. Te han condenado a oírme rebuznar sin posibilidad de escape. Estoy aquí y no eres tú quien podría echarme.

Y otras veces te doy así como un poco de pena, porque intuyes que lo sé. Y eso me descoloca.

domingo, 21 de octubre de 2012

La voz en mi cabeza

Si dices lo que piensas o saben como realmente eres, nadie te va a querer.

Esto lo descubrí en la preadoslescencia, la pubertad y cualquier otro término con el que se quiera etiquetar esa edad incómoda e imposible en la que el mundo es tu enemigo.

Y ahora, a la madurez, cuando crees que sabes que eso no es verdad, a veces sabes que lo es.

 

miércoles, 3 de octubre de 2012

Purpurina

Hoy me sentía un poco sola aquí en el blanco roto de las páginas web. Perdida, sin saber muy bien qué mirar, muerta de aburrimiento y sí, un poco echando algo en falta.

Y entonces te he buscado. Porque creo que es a ti a quien echo de menos. Busco tus huellas y tus palabras para que me den un poco de calor. Pero hoy no estás en ninguna parte.

Así es que lanzo este mensaje en una botella al mar de locos de Internet. Para que no la encuentres. O sí, y te preguntes para qué la purpurina dorada que hay dentro. Y es que es una sonrisa que no he sabido enlatar de otra manera. Te la regalo.

lunes, 1 de octubre de 2012

Terapias y palabros

Ahora resulta que los psicólogos no son psicólogos: son terapeutas, que queda más fino. O que parece que aleja algo la idea de engañabobos que algunos ignorantes tienen de la profesión. Que digo yo que si una señora de la limpieza le verá las ventajas a que ya no la llamen limpiadora. Pues ya os digo yo que no, que he trabajado temporadas de eso y tengo familia que lleva haciéndolo muchos años. Que la dignidad va implícita y no en el término. Que el imbécil que te quiera despreciar lo va a hacer lo mismo te llames psicólogo, terapeuta o Manolo. Y el que te respeta, te respetará igual independientemente de tu etiqueta profesional.

Pero no, no a todos puedo engañarnos. Que hoy en día está más en boga que nunca eso de la titulitis. Más rimbombante, más prestigio. Sólo que el citado prestigio es válido en tanto es otorgado por los mismos cretinos que detentan otros títulos supuestamente prestigiosos.

Vivimos en un mundo de apariencias. Pero esto, señores, no es nuevo. Que nos creemos el ombligo del mundo y no puede ser.

Palabras, palabros, titulitis, cargos en inglés, interdisciplinariedades, gilipolleces en suma.

Y a todo esto yo lo que venía a contar es que me ha dicho mi terapeuta (la psicóloga de toda la vida) que cuando me angustie y no pueda dormir, cuando me despierte con pesadillas y, sobre todo, cuando vaya a recurrir a mi amante dulce y traicionera, la comida, que escriba.

Hala. Y eso hago, que una es muy obediente.

sábado, 8 de septiembre de 2012

En 8 minutos

Empiezo este post a las 3:08 de la madrugada. Exactamente. Lo sé porque tengo justo delante el despertador con la alarma puesta a las 8:00. Y no sé qué carajos me pasa.

Estoy de vacaciones. Sí, en casa. Me gusta tomarme mi tiempo para estar aquí, poder hacer gestiones, ver tiendas, ir al parque tranquilamente. Me gusta disfrutar de mi casa, mi pueblo.

Pero no puedo dormir. El cansancio no basta. Tengo electricidad en las tripas, nervios en la cabeza, luces y sonido a toda mecha, como en una discoteca. Y no sé por qué estos relámpagos de cosas por hacer, esta ansiedad por nada. Sueño. Sueño con que trabajo o estoy en situaciones estresantes. Y claro, eso no ayuda nada.

Mañana tengo un día estupendo, pero me lo boicoteo quedándome hasta las mil con los ojos como platos. Tengo un día para mí que además ha supuesto una inversión de dinero y que, de no dormir lo suficiente, echaré por tierra a base de cefalea de la guay.

Y no sé por qué me hago esto.

Son las 3:16

jueves, 6 de septiembre de 2012

Mi nombre

Mi nombre es uno de esos nombres largos que suelen romperse por el mismo sitio. Y ese diminutivo no me gusta. Cuando lo oigo, siento un pellizco de monja a la altura de mis años. Porque por una fracción de segundo, seguro que menos, me veo chiquita y es la voz de mi madre la que me llama.

Tengo un problema con eso. Es la voz de la castración, de mi infancia dominada, de la niña dócil a base de palos (no necesariamente físicos, esos fueron las cuatro tortas de rigor que muchos de mi generación hemos recibido). Es la voz de la incomprensión, es el dolor y las ganas de llorar que tantas veces me tragué porque no servían más que para empeorar la situación y ser objeto de burla por débil. Y mi madre no quería que yo lo fuera. Erró completamente en el método. Y consiguió una hija débil como pocas, con la autoestima por el suelo, que se avergonzaba de sus logros y escondía su fragilidad.

Me pregunto con dolor (esta es la palabra conductora, y no mi nombre, de este post) por qué apenas recuerdo los buenos momentos o no me producen más placer. Por qué no soy capaz de escribir todo lo TODO que es para mí esto que estoy tocando. Por qué ahora mismo me duele con tanta pena y tan agudo, tan profundo.

Mi nombre es esa niña asustada y perdida que se pasaba las noches en blanco tiritando bajo la manta de puro miedo. Esa que se dormía de puro cansancio y que un día casi se ahoga con tanto taparse. Mi nombre son años de rencor y de incomprensión pura y dura. Porque yo no entendía.

Mi nombre. Ese que cambié. Cambios de imagen, de redistribución de los muebles de mi cuarto, de amigos, de trabajo. Y el GRAN CAMBIO para dejarlo todo atrás pero que te persiga como a un fantasma de pega su cadena con remate de bola.

No quiero volver, no quiero que me recuerden cuál es mi nombre. Y una de las cosas que más me cuesta controlar es la rabia al oír cosas como "se llama TAL pero DICE que se llama CUAL". ¿Qué narices sabrás tú?

¿Qué sé yo de los demás y que saben ellos de mí para ir juzgando?

Mi nombre será ese, pero ya no es reconocido. Ahora es símbolo de lo que fui y adonde no quiero volver. De mis carencias y dolor (otra vez, sí). Yo YA no soy esa. Yo soy aquí y ahora. Respetadme.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La casa

Una casa. Allá lejos verde y lluvia. Hoy me he pasado el día intentando desprenderme de su olor. Esa pátina negra que se me pega a la alegría y no la deja respirar.

Nada que me recuerde a ella, así es que lavadora tras lavadora han ido cayendo los juegos de sábanas, las toallas y el alma, esa que no tengo. 60º y que arrastre por el desagüe los ríos de lágrimas, los gritos y la furia ciega.

Pero su olor sigue metido en mí.

Ni el jardín no el limonero. Ni el silencio ni las ventanas de madera. Todo apesta a malos recuerdos.

Y no quiero volver en mucho tiempo. Quizás en todo el tiempo del mundo.

 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Aire

Necesito libertad. Necesito que no me conozcáis ni conocernos. Necesito mudar de piel y ser libre. Necesito que las palabras no quemen, ni muerdan ni den lástima.

Necesito una bañera de espuma con velitas y chill-out. Necesito una bebida chachins en una copa sencilla pero cool. Necesito darle al stand by.

Necesito aire que huela a eucalipto, terciopelo azul por dentro de los párpados y burbujas en el culo. O velas de vainilla y mecedora con gato dormido.

No necesito reloj, no necesito luz brillante, no necesito voces ni este viento helado.

 

jueves, 30 de agosto de 2012

Hacia el blanco

Pedir un viernes para ir lejos. Verde, verde y mar. Pájaros, nubes, verde, limonero y cielo a destajo. Seda de arena.

Encontrar un cielo a bocados, un verde irascible, a rodales. Mar de retales sucios, pájaros amarillos.

Nubes de rabia. Lluvia que duele. Azote de arena.

Querer ir a casa después de rendirse. Rendirse de puro cansancio. Peso en los hombros, plomo en los párpados.

Rezar como los ateos para que llegue el lunes. Lunes de oficina blanca pero lunes al fin y al cabo. Reloj, orden y embotamiento. Inmersión en las prioridades sin tener que pasar por la vida. Alienación. Algodones para el dolor, hielo para lo hinchado.

Así hasta que todo otra vez.

 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los candados

Tanta conexión, tan lejos pero tan cerca, a mi lado, al tuyo. Pero no poder tomar tu mano para apretarla un poquito y dar calor, cariño y amarillos. Si yo pudiera. Si yo supiera.

No sé cuándo me he vuelto tan desconfiada, tan lejos y tan de piedra. Por lo inmóvil digo. Tan que yo no soy lo que tú necesitas. Que yo no puedo tener la soberbia de ser bálsamo pero sí el dolor de nunca jamás llegar a serlo.

Cuándo me ha podido el desánimo y la losa de la impotencia. El candado de plomo que me cierra la puerta de los abrazos. Porque no son queridos ni necesarios porque son míos.

Y así es como de tu dolor nace el convencimiento de mi estupidez.

 

domingo, 19 de agosto de 2012

Un libro

Érase una vez una libro aburrido aburrido aburrido. Y nunca nadie terminaba de leerlo.

Érase un libro al tedio pegado érase un libro blasón y escrib...

No. Era un rollo, un tostón, un infierno soporífero. Animalito.

Era un atentado contra las ganas de leer.

Hasta la página 73.

En la página 74... Bueno, quién sabe qué había ahí.

De mano en mano, de pata de mesa a mercadillo.

Y al final acabó muriendo de asco.

 

lunes, 13 de agosto de 2012

Everybody's Changing II

Me ha dado de nuevo por escuchar una canción non-stop. Y esta vez el título, Everybody's Changing, me trae varias ideas a la cabeza partiendo de una misma base.

Los demás cambian. Yo no.

Por supuesto que yo también y la frase anterior es una gilipollez digna de la soberbia máxima y repugnante que circula por Twitter. Todo lo malo lo hacen los demás: LA GENTE. (Y yo no soy gente, claro: soy un sofá de escai).

Lo que quiero decir, sin circunloquios, es que a todos nos parece que los demás cambian. Y sí, pero nosotros con ellos. O sin ellos. O en paralelo tipo túnel de Sábato.

Como dice la canción, everybody's changing and I don't feel the same.

No somos el centro del Universo y el resto de personas con las que nos relacionamos no orbita a nuestro alrededor. Ellos cambian, nosotros cambiamos. Redefinimos nuestras interacciones, las mejoramos o empeoramos. Nosotros también somos parte activa y culpables o responsables del resultado de estas diferencias en comportamiento.

Y ahora hay que entender esto y actuar en consecuencia.

 

sábado, 11 de agosto de 2012

Everybody's Changing I

So little time

Try to understand that I'm

Trying to make a move just to stay in the game

I try to stay awake and remember my name

But everybody's changing

And I don't feel the same


Te invento.

Te amoldo y moldeo. Te acaricio la carne de barro y voy dándole forma para que seas lo que estoy imaginando. Construyo tu ser hasta en los detalles ocultos, esos que luego descubriré con fingida sorpresa. Y te querré o aborreceré después de lanzar una moneda al aire, según toque.

Te quiero porque eres mi creación.

Hasta que tomo conciencia del engaño y se me rompe el corazón en añicos que lloro por las esquinas, plañidera de dolor sin consuelo, histriónica e histérica. Porque nunca fuiste de mi propiedad y no actúas según lo pactado unilateralmente.

Y descubro que no te conozco de nada.

Y me das miedo y me aparto despacio.

 

lunes, 6 de agosto de 2012

¿Twitter off?

Me encanta Twitter. Si no fuera porque no puedo permitirme el lujo de usarlo desde el trabajo (so little time... como decía Jeremy, el hombre de ninguna parte que aparece en "El submarino amarillo") me pasaría la jornada soltando paridas. Ya tuve que hacer criba en su momento y dejé de seguir a un montón de gente a pesar de me pirraba por leer la mayoría de sus cosas. Es lo que hay. Y aprovechar las visitas al baño tampoco da para mucho. En fin: que me entusiasma Twitter pero no lo uso tanto como me gustaría.

Y porque me gusta tanto, hago pequeñas desconexiones de vez en cuando por distintos motivos. La ultima fue ayer. El motivo, un rollo patatero.

Estoy con una medicación que, mirustépordonde, tiene casi tantos efectos secundarios como primarios. Y uno de ellos tiene la culpa de mi último Twitter Off. Ha sido Deyector el que me lo ha hecho notar, no recuerdo con qué palabras, pero dice que estoy agresiva. Atención: no picajosa ni tiquismiquis ni. Agresiva. Tócate los tal Mariloles. No me tengo por bollito, más bien soy irascible, pero nunca agresiva.

Anoche, por un par de chorradas, no podía evitar entrar al trapo de casi cualquier cosa sin haber ya no sólo torero sino estoque, plaza... Ni siquiera trapo. Ni un triste kleenex, hoygan. Y le iba haciendo comentarios al jevi. Y entonces me lo dijo. Y me di cuenta de que tenía razón. No sólo por Twitter, sino por TODO.


No entro en si me gusta, me asusta o me desagrada: es que no soy yo. Y antes de acabar provocando que alguien que aprecio me mande a la mierda, hago un descansito.

Volveré en breve. Quizás esta noche, mañana o la semana que viene. Ni idea. Pero quería contarlo.

En cuanto a la medicación, bueno, ya se pasarán los efectos. Es lo que hay. Es raro.

 

viernes, 3 de agosto de 2012

If you're fond of sand dunes and salty air...


Delicia de desidia (y no aaah aah al borde del mar). Aburrimiento de mosca en el calor. Galbana.
Pero delicia.
Me ha costado dios y ayuda, pero he encontrado el puñetero vídeo (que se ve fatal). Relax.
Tumbona y arena, sol pero no calor. Me veo, me siento allí.
Y es tan agradable.

jueves, 2 de agosto de 2012

Los posts mentales

Cada día escribo y escribo. Escribo en mi cabeza. No tengo soporte físico, no puedo parar: suelo ir conduciendo o no tengo oportunidad de detenerme lo suficiente en la actividad que esté llevando a cabo. Así es que escribo posts que se quedan en mi cabeza: post mentales.

Y ahora ¿cómo los voy sacando? Si se han marchado. Si vienen solos. Vienen cuando quieren.

Son como un gato, como un pajarito. Tú llamas, pss pss missi misi. Y se te puede caer la lengua a pedazos llamando, que ellos, ni pío, ni miau. Nada, nothing, niente, como diría Salvatore.

Y cuando estás más despistado, notas las patas blanditas, el pelo suave, la plumilla, la presencia de carne templada aterrizar en tu hombro, subir a tu regazo. Unas vueltecitas para mullirlo. Y ahí está.

Cabrón.

Vas redactando en tu cabeza. Y todo es bonito. Y todo es ideal. Y te prometes, una vez más never again is what you swore the time before que NO vas a olvidarlo, que vas a llegar a casa, al curro, ADONDE SEA y vas a plasmar la idea en una pantalla. Que esta vez NO.

Mis cojones (dice el post-pajarillo).

Al menos hoy he abierto la tapa del portátil. Pero ni pajarillo ni gato. Este animalito esquivo que leéis ha llegado y ha empezado a teclear torpemente. Y me gusta. Pss pss… bonito, aquí, aquí…

martes, 17 de julio de 2012

Standby

Hay días en los que lo suyo sería pedir un día de baja. De baja laboral y de la vida. Algo así como: hoy me lo voy a pasar durmiendo, porque total, ya sabes… Y que todo el mundo supiera.

Sería más fácil si fuéramos tuviéramos una tecla de standby o alguna mariconada de esas. Lucecita verde incluida. Pero no.

sábado, 14 de julio de 2012

Eo

Quiero decir que estoy bien.
El problema es que no puedo escribir.
Leer: bueno, siempre que sea corto y sencillo.
Las horas del día no son suficientes para no sentir que no llego a las cosas.
Pero todo pasará.

Releo el párrafo anterior. Qué puñetas voy a estar bien. Pero no estoy peor.
Estoy aprendiendo a dejar que me duela.
Toda la vida poniendo al mal tiempo buena cara es mucho tiempo, pero no demasiado. Los dos embarazos fallidos anteriores no fueron llorados porque "son cosas que pasan" y "la Naturaleza es sabia". ¿La Naturaleza es sabia? Que le den mucho por culo a la Naturaleza.
Estoy aprendiendo a ser consciente de que me duele y a no empujarlo hacia abajo hasta hacerlo un amasijo negro en un rincón.
Eso es bueno, pero no veas si jode.

Todo pasará.

martes, 26 de junio de 2012

No me aguanto

No quiero estar en Twitter ni en Facebook. No quiero ver la tele ni leer. Pero hago todo eso porque ni me aguanto ni me apetece moverme. Y lo mejor es que nada me sirve para aliviar nada que no necesite tiempo. Tiempo.

Sólo me apetece comer. Y no debo.

Joder, esto es una mierda.

domingo, 24 de junio de 2012

Borrón y cuenta nueva

Desde cero. Washed away.

Inesperadamente, se acabó Koji Zigoto. Creo que debo contarlo aquí.
Querría desahogarme y contar la tortura psíquica y física. Muy mal. Pero no.

A ratos veo luz y a ratos sólo negro, pero hay que recordar la luz.

Y borrón. El borrón que se ha hecho efectivo este fin de semana y que espero que se convierta en cuenta nueva mañana lunes, cuando me confirmen que todo ha acabado, que no son necesarias más acciones, que estoy limpia de cuerpo y alma.

Gracias a todos los que en twitter y por cualquier otro medio nos habéis intentado consolar, animar, enviar besos virtuales o reales. Nos hemos sentido queridos, arropados, acompañados.

Gracias a mi jevi, tranquilo, angustiado pero paciente, amante, cariñoso, bueno, asustado y padre.

Gracias a mis amigos, los pocos que tengo, porque son un bien muy preciado y han vivido esto con nosotros a las duras y a las maduras. Gracias a los que se están convirtiendo en tales por acompañarme, animarme, visitarme, estar pendientes y hacerme llegar su cariño. Me he sentido tan arropada que se me ha quedado aquí en el pecho un calorcito que no sabría describir sin cursiladas o sin recurrir al manido chiste de la teta en el plato recién servido.

Ya puedo volver a coger a Minibere en brazos, comprarme algún vestido, hacer ejercicio, comer sushi y carpaccio, tomarme una Sangre de Ceres, jamón Serrano, follar lo que me dé la gana, comer en el comedor del curro (bendito sea, que me cuesta 3 euros y no tengo que cocinar) y mil chorradas más que no lo compensan todo, pero que pienso disfrutar.

Estaré bien. Estaremos bien.

miércoles, 20 de junio de 2012

Los demonios

Los demonios. Se me llevan. Se me llevan de los pelos, azuzados por las hormonas o porque toca, yo qué sé. Cabreo máximo, quiero matar, con mis manitas.

La ira me inunda como un nivel de agua que me asoma por los ojos.

Y si saber exactamente por qué. Que manda narices. Que a veces tiene una razón más o menos racional pero ¿así porque sí? Soy consciente de la chispa que ha prendido la mecha, pero de dónde ha salido toda esta pólvora. Por qué todo me viene grande y me ahoga, por qué estas ganas de tirar cosas y dar golpes que tengo que reprimir o volveré a quedarme sin tazas, sin puerta, sin aliento.

domingo, 17 de junio de 2012

Mini?

Acabo de caer en que di la buena noticia en twitter pero no aquí. Asumo que los pocos lectores que tengo están contados con los dedos de una mano y me siguen allí. Y luego he pensado que, si hay alguien que no está en ese caso, se habrá quedado con el post de la angustia.

Y EL BICHITO VIVE. Había crecido mucho y se le veía minúsculo, latiendo, VIVO.

De la emoción que sentí y siento casi mejor no hablar porque podría llenar folios. De la incertidumbre de Minibere he pasado a la comprensión de qué es un bebé, qué cambios traerá a mi vida y cuánto lo quiero ya, minúsculo bichejo sin consciencia ni carne apenas.

El caso es que se me ha ocurrido preguntar en Twitter cómo podríamos llamarlo ahora, antes de saber si será Minibere 2.0 o Minijevi/Minideye. Y, francamente, tras recopilar las sugerencias, he llegado a la conclusión de que el listado bien podría servir ante un tribunal para certificar la incapacidad o peligrosidad mental de más de uno.

Estas son las posibilidades que se me han ofrecido hasta ahora:

* DIU (por Dispositivo Intrauterino)
* búho (porque es de género indeterminado y una palabra corta y sonora)
* Koji (porque iba dentro de Mazinger)
* Koji Zigoto
* cólera
* chancro
* Quato (el mutante que iba en la barriga de uno en Desafío Total y que era clavadito a Jordi Pujol)
* agüelo o agüelito de Heidi (porque Fle está mu mal de lo suyo)
* bob esponja (léase razón anterior)
* el boquerón
* Caracol (porque son hermafroditas)
* Fork
* judiita tienna
* Lepruchancito del amor
* cosica-la-cosica
* tenia
* alien
* garbancete
* lentejita-chan
* MiniX

Y creo que no me dejo ninguno. ¿Alguna sugerencia más?




viernes, 15 de junio de 2012

Enviado desde mi iPad

He sucumbido,sí. Me siento como el culo, pero aquí lo tengo en el regazo, ronroneando y sabiéndose ganador de un adepto más: me he comprado un iPad. Yo, la ultra-android. El jevi decía que estoy chalada, que ya tengo el netbook, que ahora tenemos una mini obra puñetera y que si bla bla bla, en fin, lo lógico y normal. Pero me ha podido el ansia viva. Reconozco que no soy más shopaholic porque no tengo más pasta y que todo lo que tenga botoncitos y funcione con batería me vuelve loca. Que no tiene flash, que el iTunes de las narices, que si la abuela fuma pero... ES TAN MONO. Ya conozco sus virtudes y sus defectos, y me ha ganado por la resolución de pantalla. Y aún así, los remordimientos, las dudas. Que lo compré ayer y ahí lo he tenido sin abrir siquiera la caja, sobre la mesa. ¿Lo abro, no lo abro, lo devuelvo, lo cambio por un Galaxy Tab...? He tenido que volver a mirar las especificaciones técnicas de ambos al detalle para convencerme de que era una decisión racional y no una llamada al fondo de mi alma consumista desde la caja blanca de cartón suave. Y, al configurarlo, me encuentro con la firma automática de los correos: "Enviado desde mi iPad". Lo que viene siendo un "mira cómo molo" de toda la vida. Somos así. Y no me vale el desprecio de yo no soy un borrego de Apple como tú, porque me sigues dando la razón: te crees mejor que los demás, más listo, más cool, porque te niegas por sistema a tener algo de esa marca. Bueno, allá cada uno con su opinión. Yo prefiero Android mil veces, pero en cuanto a tablets, este es el que más me ha gustado. ¿Por qué tendría que ser defensora a capa y espada de una marca negándome a usar algo de otra que me gusta? Al final he abierto la caja hoy, casi con reverencia, y aquí estoy flipando en colores. Dándole a botones, probando cómo se configuran las cosas... El jevi me ha mirado, yo lo he mirado. Se ha mascado la tragedia y en el aire flotaban frases del tipo tú lo que eres es una jodía loca, quiero el divorcio, ya estás devolviendo eso mañana... Entonces ha cambiado la expresión dexteriana y ha dicho: Vale ¡Me quedo con tu netbook! Si es que Dios los cría...

miércoles, 6 de junio de 2012

La felicidad

El otro día andábamos discutiendo los conceptos de placer y felicidad en uno de los grupos de charlas a los que acudo. Aplicado al contexto en el que lo analizábamos, afirmaba la escritora argentina Cecilia Absatz que “el placer es comer un chocolate, la felicidad es bajar de peso”.

Por supuesto que no espero que estéis de acuerdo conmigo. Yo sí estoy de acuerdo con esa idea en el marco en el que se aplicó. Estamos hablando de una clínica de adelgazamiento donde se combinan psicología, nutrición y medicina, grupos de terapia y mantenimiento. Todos los asistentes a la charla son pacientes que hemos elegido estar allí. Así es que no espero que gente en su peso, gordos felices y público ajeno a la “secta” (como la denominamos algunos con cariño), coincidan en este juicio. Otro día si queréis os cuento por qué la llamamos así. Hasta tenemos gurú.

Ya me estoy justificando. Es que soy la hostia. La cabra tira al monte.

Pero a lo que iba. La felicidad depende mucho de tu estado. Y ya está. Por supuesto que tienes que tener cubiertas una serie de necesidades mínimas. Pero no estoy hablando de eso. Hablo de momentos en los que, con los mismos parámetros y condiciones, uno se siente el rey del Universo o no llega siquiera a la cagarruta pisada y pegada en la suela de dicho rey.

Y ahora estoy en el primer momento. Ni soy omnipotente ni lista, ni guapa, ni buena persona, ni lo sé todo ni lo tengo todo. Pero soy feliz. Y ya está.

Para ser desgraciada puedo buscar mil excusas: que no me siento realizada en el trabajo y no se me deja respirar, que tengo una edad para pensármelo y puede que este embarazo tampoco siga adelante, que tengo a la familia lejos, que los vecinos de abajo (hola Villamonguer) hablan como si todos estuvieran sordos (y al Monguerhijo ni se le entiende porque no vocaliza), que tengo el coche hecho polvo pero no puedo llevarlo a arreglar, que van a tener que hacerme obra en la cocina después del pastizal que pagamos por culpa de algo que la comunidad nos quiere encasquetar, que que que…

Para ser feliz puedo buscar mil razones: que tengo trabajo y está bien de condiciones, que tengo una edad en la que veo las cosas con perspectiva, que tengo una hija maravillosa, que a mi madre casi mejor tenerla un poco lejos, que los vecinos de abajo no son mala gente (o eso parece por ahora), que tengo un coche y el jevi POR FIN tiene carné, que todo pasa, hasta las obras…

¿Sabéis lo que quiero decir?

Estoy de reposo obligado. No me gusta hacerme de comer, echo de menos el comedor del curro donde todo me lo dan hecho. Me aburro. Soy demasiado extrovertida como para estar todo el día tumbada en casa. Pero estoy aprovechando para leer todo lo que puedo y estoy DISFRUTANDO. Me siento querida y mimada por las compañeros de blogosfera, por los twitteros, por los amigos y compañeros de trabajo que me llaman para darme ánimos.

Y he descubierto otra cosa que me ha sorprendido mucho: que ya sé estar sola. Que ya me gusto, con mis defectos. Pero que ya no me angustia estar sola sin saber qué hacer y con mis pensamientos. Hoy me he salido a la terraza. El jevi fue a comprar el domingo una mesita y dos sillas para que me dé el aire en esta reclusión forzosa. Y me he sentado a mirar el paisaje, al fresco, con mi café, junto a la jenízara de la Piticli tróspida. Veía un trocito de sierra, oía a los pájaros, pasaba un avión muy alto, algún coche, voces de niños. Se ha hecho de noche. Respiro el aire limpio. Ya no hay gritos ni calles estrechas ni me ahogo en el antiguo barrio. Las lucecitas aparecen entre los árboles. Piticli hace chirrí chirrí muy suavito.

Y soy feliz, qué puñetas, soy feliz.

lunes, 4 de junio de 2012

El lado positivo

De este reposo obligado estoy sacando algo positivo ya, tan pronto. Y es la lectura.

He leído más en estos dos días que en muchos meses. Y eso me calma, me serena, me pone de buen humor.

Hace años yo era una lectora compulsiva y era incapaz de dejarme un libro sin terminar, ya podía ser el peñazo del siglo.

Luego vino la depre negra y una incapacidad absoluta para leer. Ni me gustaba, ni entendía lo que leía ni conseguía pasar de las primeras páginas. Una hez.

Luego vino Minibere y sanseacabó. Porque para mí leer es un placer y no una costumbre. Y leer dos páginas para caer dormida con el libro en la cara o no entender nada de puro cansancio, pues mirusté que no. Y trasnochar cuando siempre duermes menos horas de lo necesario, tampoco. Sobre todo porque al día siguiente no doy pie con bola en el trabajo.

Y ahora tengo tiempo libre (mucho) porque se supone que tengo que estar tumbada y sin hacer esfuerzos. Así es que ocupo la mente del tema que ahora mismo me está siendo muy duro leyendo. Tres libros al retortero, como en mis tiempos mozos. Temas pendientes, a saber:

Una delgada línea (entre el exceso y la medida) del Dr. Máximo Ravenna, gurú de mis guruses, fundador del método y la clínica donde perdí mi sobrepeso de 35 kilos. Reflexión desde distintos ángulos de la obesidad en nuestros días y teoría que defiende este señor sobre el origen y solución de lo que califica como pandemia del siglo XXI.

Cuentos Completos I de Philip K. Dick, libro que me prestó Gacela hace como mil años y que no termino porque me da un perezón ho-rro-ro-so. Y no es que no me entusiasme el escritor ni el género, que me chiflan, es la resistencia a los nuevos comienzos. Me explico: cuando abres un libro y empiezan las descripciones y los personajes hablan por primera vez y tú estás perdido hasta coger todos los hilos y tomar posesión de la historia ¿no te parece abrumador? A mí sí. Sobre todo los relatos como los de este señor, que empiezan normalmente en mitad de una escena. Me da el agobio: pienso que no voy a enterarme, lo releo, lo vuelvo a leer, se me va la cabeza. Y el libro son todo relatos, así es que me pasa lo mismo una y otra vez. No es la comodidad de la zapatilla que ya se te desliza sola en el pie. Coges el libro para ver cómo sigue Firmin, qué nuevo enigma o revés sufrirá Sophie, por dónde saldrá hoy mamá, la madre del Marqués de Sotoancho.

Los cuadernos secretos de Agatha Christie, de John Curran. Este es uno de esos libros que compro por impulso. Esos ataques de ansia viva que me dan cada vez que entro en una librería. Se me antoja TODO y todo quiero leerlo YA. Tengo chorrocientos títulos producto de este ansia. Y ahí están. Este libro es para MUY FANES (¿fans? ¿fanses? AFICIONADOS) de la escritora (yo, yo, yo). Y también para gente que ya haya leído sus novelas Y LAS RECUERDE. Que no es mi caso. Así es que estoy leyendo un montón de spoilers seguidos sobre novelas cuya trama no recuerdo pero cuyo título sé seguro que leí en su momento. No hay problema: igual que olvidé las tramas, olvidaré los spoilers. Ventajas de ser Dori en forma humana. Si no eres ultra fan o no te has leído todas o la gran mayoría de sus obras, ni lo intentes: te parecerá un peñazo.

Querida Bichejo, ya sé que no te llego ni a la altura de los callos plantares (¿tienes callos? Jo, chica, vaya, no lo sabía) pero todo el día llevo pensando en hacer este amago de de post como los tuyos dedicados a la lectura. ¡Para una vez que puedo! :-D

domingo, 3 de junio de 2012

Malas noticias

A ver por dónde empiezo.

La frase de entrada y la idea en sí no son nada posteables. Al menos, no como yo desearía, pero ahí va.

Este es mi cuarto embarazo. Los cuatro han tenido amenaza de aborto en fases muy tempranas. Sólo Minibere siguió adelante. Y ahora estoy de reposo obligado. Otra vez lo mismo.

Las otras veces lo he mantenido en secreto y poca gente y muy allegada lo ha sabido. Por dos razones principales:

  • quería comunicarlo con alegría, llenándoseme la boca y el corazón de la buena noticia. No así, no “oye, que no puedo ir a trabajar/tu boda/la fiesta/la cena/la cita porque tengo amenaza de aborto y ni siquiera sé si el embrión está vivo. Nunca se sabe en fases tan tempranas”
  • me parecía más dolor del que podría soportar el que la gente me mirase con cara de pena y me tocase para darme una especie de pésame por el hijo perdido

Pero esta vez no. Es lo que hay. Y estoy (ataque de ansiedad mediante) mucho más serena. Qué se le va a hacer, es que son ya cuatro los positivos que he visto en un test y tres se fueron al carajo. Y algunos de forma bastante, digamos, desagradable.

Que es el momento justo, que quizás sea la última oportunidad, que tengo ya 41, que me cuesta dios y ayuda quedarme embarazada cada vez.

Que hay más cosas en la vida y si no sale, seguiré viviendo. Y si no sale, me dará el bajón un mes después, como todo. Porque no sé qué le pasa a mi cabeza, pero los acontecimientos gordos me golpean como un mes después para hundirme y que se me caiga en el mundo encima. Y esta vez no sé si será igual.

O a lo mejor no.

O a lo mejor vive. Ahora debería tener el tamaño de una semilla de sésamo. Qué chiquito.

Ya sé lo que viene ahora: reposo, urgencias, esperar a ver si crece, a ver si el corazón “arranca”, a ver si se pasa el sangrado y “agarra” bien, como si fuera una plantita. He tenido muy malas experiencias en urgencias de Maternidad en La Paz. Malos modos, frases hirientes, desprecio. Y yo de una prueba a otra, sangrando, temblando, llorando en silencio mientras les oía regañándome por hacerles perder el tiempo y después llamando idiota a mi médico de cabecera cuando les dije que no había ido motu proprio sino que me había mandado él. No, esta vez paso de ir a urgencias. Para que me digan lo mismo, que aún no se sabe, que reposo dos semanas y luego se verá. Y en la privada me tratan bien, pero las conclusiones son idénticas. Es que son lentejas.

Por favor, no quiero consuelos ni falsas esperanzas. Ya sé cómo funciona, en estos 7 u 8 años he leído todo lo legible, he cambiado de ginecólogo. Es lo que hay y punto. Amenaza de aborto, reposo, comprobación de estado del embarazo en un tiempo.

Siento la mierda de post, es lo que hay y, mientras no lo escribiese, no podría liberarme del peso para poder escribir otras cosas.

Mañana más, prometido.

domingo, 20 de mayo de 2012

No hay más ciego

...que el que no quiere ver.

Bueno, en mi caso no es que no QUISIERA verlo. Es que no lo he visto. Es que no lo veo.

A raíz de unos comentarios en la entrada de "Aviso para mis 1.0" descubro, con sorpresa, que no se me entiende un carajo.

A mí. La reina de las letras, la que tanto leía, la de las notas alta en vida académica porque redactaba TAN BIEN. Y digo redactaba porque se ve que ahora ni de casualidad.

Y me hace gracia.

Bueno, también me fastidia un poco.

Porque yo no vengo aquí a hablar de mi libro. Bueno, un poco sí. Pero yo vengo a compartir. Si nadie sabe de qué hablo no sé si se entiende lo que digo como lo pienso. Pero, total, ahora que me paro a pensar, de eso se trata ¿no? Cualquiera escribe y, desde el momento en el que otro lo lee, pierde el texto. Porque ese otro lo interpretará, aprehenderá (oh, mi palabra favorita again, sí), interiorizará, a su modo. Lo hará suyo, lo comparará, creerá que se aplica a esto o aquello, le pondrá un cojincito para que descanse, le peinará el flequillo con saliva o se lo follará vivo.

Sea como sea. Yo no sabía que no se me entendía mucho.

Y después de la reflexión anterior, no me fastidia. O sí, pero lo que me fastidia es no ser capaz de plasmar lo que pienso. Nada que ver con el blog ni con los lectores. Todo que ver conmigo.

No sé escribir de otra forma.

Así es que aprovecho para repetir lo que ya contesté en ese post. GRACIAS AÚN ASÍ POR LEERME y por tener el detalle de pararos unos minutos a comentar.

Quiero pedir disculpas, por otra parte, por ser tan mala anfitriona y no contestar habitualmente los comentarios. Los leo todos, me gusta que os toméis la molestia, me siento arropada. Sonrío, me los bebo a sorbitos calientes.

La causa es que quiero leerlo todo y la única forma de hacerlo es desde el móvil. Y así leo muchos blogs y me encantan, pero al final no comento. Porque escribir comentarios desde el móvil es un rollazo nivel 25 en una escala del 1 al 10. Y encender el portátil para asuntos personales a las mil y monas cuando no puedo con mi alma y sólo tengo media hora de autonomía antes de acostarme, no es que me mate, la verdad.
Un par de veces he comentado tal o cual post en twitter, que es más inmediato y no tengo que andar entrando en la web del blog (normalmente los leo en un reader para Android), recargando, etc. Pero desde que alguien se me quejó de que igual que le había dicho que me había gustado su post ya podía dejarle un comentario pensé que, si así se entendía, para qué.

Y al final lo que queda es que no contesto nada. Y tenéis razón. Pero lo leo todo con avidez. Y algunos posts me conmueven, me gustan a rabiar, me enardecen, me provocan, me producen carcajadas  o me dan ganas de llorar. Y mola.

¿Me está quedando todo esto muy Lina Morgan-Agradecídá-y-emocionadá-solamente-puedo-decir-gracias-por-venir? 

Pues eso.

sábado, 19 de mayo de 2012

Piticli forever

Estoy hasta el moño del Piticli. Hala, ya lo he dicho.
Que no es el Piticli, es la jodía periquita loca. Porque es una hembra, ya lo tenemos claro.
Así es que he ido tanteando a la niña.
Nena, que si regalamos al Piticli, Que qué te parece. Que mira que tal y cual.
Y ella, entusiasmada: VALE, pero cogemos UN GATO. ¬¬
Yo soy la tonta de los gatos, sí. Pero lo que tengo claro clarísimo es que JAMÁS cogeré un gato mientras viva en un piso más alto de un segundo. Que ya tengo experiencia y son dos los gatos que se me han caído de un segundo piso. Y ahora vivo en uno alto alto.

Estoy haarrrta de la periquita, pero también soy blandita blandita con cualquier bicho viviente que necesite mimos. Y en ese rango entran desde Minibere, pasando por el jevi a veces, hasta cualquier animalito no disecado (preferentemente, mamífero) sea cual sea su tamaño. (Bueno, los disecados también me dan mucha penita, pero definitivamente NO necesitan mimos). Y al Piticli le tengo cierto aprecio. Estoy hasta los cojones de ella, pero la cuido, la mimo, le pongo su fruta fresca, le hablo, la suelto. Incongruencias que tengo.

Así es que fuimos a una tienda de animales a preguntar si le ponemos una pareja, para ver si deja de estar como una cabra y para con esa nueva costumbre de picarme, la muy jenízara.

Y salimos sin periquito macho, con varios presupuestos para un acuario y una jaula nueva.

Lo nuestro son las decisiones.

O no.

viernes, 4 de mayo de 2012

Estar fuera

Toda la mañana mirando el reloj, como de costumbre. Y cada vez que pienso: yuju, sólo falta x horas/minutos para salir, se me aprieta el nudo en el estómago.

Porque hay veces que quieres salir pero no quieres lo que significa estar fuera. Y estar fuera significa pensar.

Y hoy necesitaba estar aquí ocupada.

¿Es triste? Nah, más triste es negarlo.

domingo, 29 de abril de 2012

Surtido Cuétara

En aquella casa mata, cada sábado, nos reuníamos para merendar alrededor de la mesa con pañitos de croché. Florecitas amarronadas, que con azúcar quedaban rígidas. Las labores de la Matriarca.

Y sobre la mesa, tempranísimo, tortas locas, dulces de bizcocho empapado, café, azúcar. Todo me parecía dulcísimo e insoportable . Pero mi gula hacía que buscase lo único que no me desagrada en exceso: las galletas de chocolate del surtido Cuétara.

La caja dominando la mesa y yo buscando los cuadraditos envueltos en papel naranja, los rectángulos, en verde. Con sus festones.

Tardes de cartas y relevos alrededor del festín.

Galletas que, con la humedad de una ciudad costera, a veces estaban manidas. Reblandecidas, húmedas. No me gustaban pero era eso o nada si no había pan con manteca y azúcar suficiente. Galletas de las que siempre sobraban las mismas, esas que no quería nadie.

Yo me preguntaba cómo podía gustarle a alguien ese invento de galletas que sabían todas igual: a rancio y a viejo.  Viejo como la Matriarca, con su roete de pelo blanquísimo, siempre de negro con algún estampado menudo, nervios y mal genio a la par.

Y ahora una caja de surtido Cuétara es un billete al pasado. Un flash gustativo que siempre sabrá a manido, a dolor punzante del dulce en mis dientes picados, a casa vieja, hiedra y café. Con el asco que me daba el café.

A mis tías, el cinquillo, mi prima la consentida por eso de la epilepsia. Y también su diente roto, mi dedo mordido, la cajita de música que unos clientes olvidaron en el hotel de mi madrina,  Epi y Blas hablando en castellano y qué raro me sonaban, mi tío alcohólico, el bar de Pepe, siete en un seiscientos, casera en botella de cristal.

Y todo eso en una caja de galletas.

sábado, 28 de abril de 2012

Borradores

Y vuelvo a las andadas: cuando tengo las ideas y las ganas de escribir es cuando no puedo hacerlo. Ahora, después de lo que me parecen siglos, por fin me siento y ZACA: eso del papel en blanco que tanto nombran en cualquier cosa que tenga que ver con la creatividad. Ese cliché tan usado que ya se transparentan los pezones a través de él. Y con agujeros.

El caso es que se me enciende la bombilla y creo descubrir la pólvora cuando dirijo el puntero del ratón hacia el botón de “borradores”. Menos da una patá en los coj… como dice mi padre.

Y ¿qué me encuentro? A parte de una nueva confirmación de mi torpeza en forma de tres posts guardados en blanco, a saber: dos o tres que no han sido publicados porque no quiero; uno o dos que son malos de narices (sí, aún más #encerio) y uno o dos que no están mal pero que no me atrevo a soltar. Los primeros porque son cosas que no quiero que determinada gente lea, ideas que pueden parecer iguales a otras pero que tocan puntos demasiado personales. Los últimos PORQUE NO LOS CONOZCO.

Que manda narices. Algo que he escrito en algún momento y que no recuerdo. Pero no es sólo eso, es que ni pajolera. Ni qué lo inspiró ni quién ni por qué ni qué significa.

Otra confirmación más de que yo no hago conexiones neuronales: mis células grises deben de andar flotando, cada una en una punta, agitando sus axoncitos y salpicando las paredes que las contienen en un líquido viscoso donde debía de haber un cerebro. Se ve que, de vez en cuando, dos se encuentran y CHAS, chispita. Pero también se ve que no debe de ser lo habitual.

Y así soy.

domingo, 15 de abril de 2012

Aviso para mis 1.0

No me gustaría explicar mis posts, así es que vaya este aviso por delante.

Sigo atada por casi todo, pero algo de cuerda debo dejarle a mi alter ego cibernético. Si no, no podría escribir nada.

Así es que, por favor, prefiero que no haya preguntas ni películas.

A veces me inventaré un poco, a veces todo. A veces hablaré en presente del pasado o le escribiré a alguien que no existe, que no existió o que sigue presente. Gritaré, lloraré, reiré los asuntos que no quedaron resueltos.

Seré todo lo drama queen que quiera porque ya sabéis: este es mi blog y melofo. Y eso no significará que esté mal en ese momento ni al borde del suicidio por sobredosis de pan con nutella.

Exageraré. Mentiré. Diré verdades como puños. Contaré recuerdos que, de veraces, duelen como alfileres.

Diré cosas feas, pintaré de negro o haré del descubrimiento del verde la definición de lo histriónico.

Intentaré sacar momentos de felicidad empalagosa. Haré fotos borrosas de la luz cuando me inunda.

Y a lo mejor no os gusta. O a lo mejor sí.

sábado, 14 de abril de 2012

Cruces II

Lo malo de creer que se avecina un abandono es creer que se avecina. Y sufrir por cada minuto que lo piensas más cerca. Y lamer agradecida la mano al menor gesto, no vaya a ser el último o te inunde de las endorfinas del "no pasa nada, es tu paranoia, deberías conocerla".

Lo malo es dejarse llevar por los reproches que acelerarían el proceso pero dolerían tanto. O arrancar la tirita de golpe para sufrir el máximo dolor concentrado en el gesto y así evitar la larga agonía. El desgaste. Porque ya no estoy para perder el tiempo. Esto es lo de la zorra y las uvas, lo de tirar el puñado de arena por la ventana en lugar de dejar que se escapen los granos despacito.

Todavía algo me dice que la experiencia no lo es todo. Que puede haber otras transiciones. Claro que yo siempre he sido estúpidamente optimista. Una ilusa.

viernes, 13 de abril de 2012

Cruces

Te estás yendo de a poquitos. Creo que lo sé desde el primer paso a destiempo.

Pero ahora el miedo es distinto porque está muy lejos, como debajo de varios almohadones. Está cansado, ha dejado de luchar. Es lo que hay y es estúpido derrochar energía inútilmente.

¿Eso es que estoy madurando?

En un momento concreto ha llegado el cruce de caminos. Y luego la bifurcación. Y luego.

Te me escapas entre los dedos como la arena. Porque nunca has sido de mi propiedad, faltaría más. Ya sé que no te debes a mí, ya sé que no te pondrías de mi lado incondicionalmente. Pero me he acostumbrado a ti. No es eso, pero no sé explicarlo. Te estoy echando de menos y aún nos queda tiempo. Pero déjame decirte que me dueles.

Entre las mil cosas que he aprendido este año, está la de no ser la zorra de las uvas y tirar el puñado de arena por la ventana, con rabia, incapaz de soportar las despedidas lentas tácitas que no son despedidas sino adioses. Tú no me abandonas, es que yo no te quiero a mi lado.

Pero ahora estoy intentando no hacerlo. Y por el momento me está saliendo. No prometo nada.

Quiero disfrutar de tu compañía tanto como pueda. Hasta que sigas caminando y te pierda el rastro. Sólo quería que lo supieras. Bueno, no. Sólo me he dejado llevar por el impulso de escribirlo.

lunes, 9 de abril de 2012

Escuchando

Tú hablas y yo te escucho. Te escucho con las manos, a través de la piel de todo mi cuerpo. Te escucho embelesada, con los ojos, abriéndolos como esponjas, colgada de tu boca y de tu voz.
Y no hay nada malo en ello, estoy aprendiendo. Aprendiendo a ver el mundo con tu mirada. Porque es interesante, porque es como beber de un libro. Que puede ser un fiasco, claro, pero eso no me detiene porque tengo mucho que ganar.
Tú te extrañas de mi silencio y lo confundes con desinterés o cansancio. Y cómo explicarte que todo lo contrario y que, en este último año, he descubierto el placer de escuchar sin condiciones. No necesito revelar mi rollo, sólo aprehender. Y me fascina lo que no conozco.
Estoy callada porque estoy masticando despacio, más bien rumiando, las oleadas de nuevos marcos cognitivos, de inesperada información. Sabores buenos y malos que no conocía ni concebía. Tomo consciencia de lo pequeño de mi mundo. Esto es un vértigo de feria, cosquillitas en el estómago, miedo en la nuca.
Y está bien.

domingo, 8 de abril de 2012

Deberes morales

Que lo mismo me estoy equivocando con mi elección entre el deber y el placer, pero eso no es algo nuevo.

Hace poco he decidido ponerme en marcha y moverme hacia a algo que CREO que debo hacer. Pero en el caracol del oído tengo un bicho amarillo y minúsculo que me grita pero qué haces, pero si eso es aburriiiiiiiido, pero si escapa a tu entendimiento. Y es verdad, el aburrimiento es tal que me cuesta un esfuerzo sólo pensarlo.

Y entonces a lo mejor no era tan buena idea. Y que lo hago porque “es lo que hay que hacer”, porque si no, menuda inconsciente, porque… bueno, HAY otra razón, pero es una de esas cosas que voy a callarme.

Quizás no deba forzar lo que no es. No veo cómo podría dedicar energía a algo que no me entusiasma. Y pienso en lo que sí lo hace.

A lo mejor no es mi sitio y punto. A lo mejor no es una batalla que quiera librar. A lo mejor puedo ser más útil haciendo algo que realmente me motive, me llene el pecho al respirar y dedicarme a eso.

A lo mejor podría hacer lo anterior y no sentirme culpable.

sábado, 7 de abril de 2012

Cuando yo era mocita

Así empiezan algunas abuelas a contar sus batallitas.
La mía suele decir "cuando yo era joven".
Y todas eran guapísimas y tenían a un montón de hombres detrás. Que digo yo que va a ser cosa de la contaminación o algo si resulta que hace 50 o 60 años no había ni una fea en el mundo. Bueno, sin contar a Margaret Thatcher o Yootha Joyce.
En fin, a lo que iba. Que cuando yo era mocita, joven, es decir: cuando no tenía a Minibere, podía quedarme hasta las mil escribiendo (como hoy). Pero esta niña lista, guapa, buena y que come de miedo no podía ser la niña perfecta. Así es que me ha tocado una hija QUE NO DUERME o que se despierta chorromil veces.
El caso es que entre el trajín que es estar pendiente de un bicho y que no descanso, pues no escribo. Ea.
Que he retomado el blog con renovadas intenciones, pero aviso, por si acaso. Si no puedo con mi alma, si no tengo tiempo o si prefiero acostarme junto a su cuerpecito suave para dormirnos abrazadas, ya le pueden ir dando al blog.
Sin acritú.

viernes, 6 de abril de 2012

El título

Y dado que "Lágrimas en la lluvia" quedaba como de emo total, he estado un par de veces por abrir otro blog y se me han ocurrido los mil y un nombres.

Y me he quedado con este: sólo es cuestión de resbalar.

No tengo ni la más remota idea de dónde saqué esta frase, pero ha sido una especie de mantra en mi cabeza durante años.

Al igual que cuando me ponía nerviosa recitaba números mentalmente (por lo general, empezando por el 24 o así) esta frase de pronto aparecía en mitad de mi pensamiento salida de la nada.

Es sólo cuestión de resbalar ¿hacia dónde? Hacia la nada, hacia la calma, hacia el pozo, hacia una madriguera de conejo llena de maravillas. El pozo es la imagen mental de la depresión. Un pozo que hace tiempo que no visito ni tengo intención de hacerlo. Soy feliz. 

Lo de los números lo tengo controlado: se exactamente cómo empezó y por qué. Lo de esta frase: ni pajolera.

Pero ahí está.

Gracias por volver a leerme. Escribir y dejarse llevar es sólo cuestión de resbalar.

jueves, 5 de abril de 2012

La muda

¿Por qué cerrar dos blogs?
¿Por qué abrir nuevos?
Porque me tiran de la sisa. Porque he crecido, cambiado, mutado. Porque soy la misma.
Porque esta piel de serpiente se me ha desprendido y debajo estoy yo, con mis colores deseosos de brillar.
Negros, verdes, amarillos, con anillos rojos, con escamas y plumas.

Me gustan las cosas redondas, me gusta la simetría. Me fascina el concepto de los anillos de Moebius. Por eso ambos blogs se cerraron con el mismo post con el que se abrieron y sólo un par de personas se dio cuenta.

No sé cuántas veces he dicho que no abriría otro, que sí lo haría.
Es que, veréis, no me gusta dar explicaciones de algo que no debería tenerlas.
Es que, veréis, cambio de opinión como cambia el tiempo.

Me pican las puntas de los dedos y pienso que para qué otro blog. A a la vez.
Que soy una pesada.
Que me repito.
Que no hay nada nuevo.

Entonces pienso que por qué no otro blog y se me ocurren mil nombres: "Lágrimas en la lluvia", porque me produce un vértigo de agujero a la altura del pecho que se me llena de viento frío pensar que todos mis recuerdos se irán. Que puedo contarlos pero que no los sentís, no los oléis, no os duelen, no os hacen felices.
Es ridículo. Lo es.

Pero si nadie recuerda el tacto del pelo de mi perro, el olor de la hiedra y la tierra mojada en el patio de la casa mata, los cementerios minúsculos de arena que hago con un dedo en la playa cuando me tumbo boca abajo... Todo se perderá.
Y a mí no va a importarme, porque estaré muerta. Pero no soporto la idea de que desaparezcan y se pierdan.
Es ridículo. Lo es.

Yo quiero escribir cosas con luz, que den mucha risa y que sean dinámicas. Como creo que hablo a veces. Pero me salen post deeeeeeeeeeensos y oscuros.
Sé redactar pero no logro acercarme a lo que pienso. Sólo a veces.

Yo quiero escribir lo que pienso pero no puedo. Necesito demasiado la aprobación de los demás. Me resulta demasiado difícil soltar algo que va a enojar, a doler. No soporto que me malinterpreten. Y escribir un blog es asumir que me tengo que joder, que es lo que hay si lo escribo.

Entonces pienso que por qué no otro blog y liberarme de la piel muerta de los anteriores.
Renovarse y revivir. Tirar los trastos viejos.
Los cambios son buenos. Estoy convencida.