domingo, 29 de diciembre de 2013

De ángeles caídos, del miedo a volar.

Te he mentido. A lo mejor por eso ya no somos nada. Porque cómo voy a estar ahí para recogerte si caes, si tú ni siquiera me dejas rozarte con los ojos.  Yo te digo que sí, pero qué tontería, sabes que no es cierto. Y yo sé que no me cuesta nada vomitar palabras que no son más que aire.

Aún así, intentaría amortiguar la caída con mi cuerpo. Sólo si me dejases. Pero a veces, las más, no es cuestión de querer, sino de que no venza la impotencia y nos pegue esa guantada sin mano que tan bien sabe dar.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Una taza

Poco a poco van cayendo como perlas lentas y suaves. En desorden, inesperadas. Primero los silencios,  luego el cruce de palabras sin boca.
Chof chuf, salpicando apenas. Y la taza se va llenando.
Brillos que se apagan al mojarse, ojos de sueño, el aire espeso como miel.
Una lágrima y mucha resistencia a cualquier sonido que no sea el de la tormenta dormida.
Los minutos se convierten en horas y las horas en humo. Luego viene un viento frío y hay que correr. Porque la taza ya está llena.
La agarro y me bebo hasta la última gota de todo. Y así se termina un día en la oscuridad.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Adicciones

Me estoy quitando. Como esa canción cómico-flamenca.
De las corrientes de aire, de las personas.
He dibujado un círculo con tiza, me he metido en una caja transparente, para que nada me toque.
Me estoy quitando. De las dependencias, de las opiniones y hasta de de las luces demasiado brillantes.
De agarrarme a ramitas ardiendo, de ti.

Y es difícil. Mucho.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Hay gente

Hay gente de la que vas sabiendo periódicamente. Gente que te preocupa, a la que tú le preocupas, cuya compañía es un disfrute no tienes duda de que mutuo.

Tú les preguntas cómo están, ellos hacen lo propio. Tú les mandas besos, ellos te responden.

Tú les llamas y ellos te cuentan. Tú les quieres y ellos…

Un día, adrede o no, tú no les preguntas, tú no les mandas besos, tú no les llamas. Y así otro día. Y otro. Y más.

Y pasan los cardos rusos por tu vida, como en una película del Oeste.

Y entonces te preguntas…

martes, 3 de diciembre de 2013

Dime

Dime que me echas de menos tanto como yo a ti. Dime que me buscas a cada rato no sabes dónde y que el aire está lleno de fuegos fatuos confundiendo el camino.

Dime que quieres darme la mano para perder el miedo a perderte. O para encontrarme en el caos y agarrarnos en caída libre.

Dime que recuerdas mi respiración y los latidos lentos que no has llegado a escucharme.

Dime que no te irás.

Miénteme.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Despedidas: J.

Te busqué en la voz, en el mar y en una taza de chocolate caliente. Te busqué, consciente de que no eras,  de que no tenías lo que necesitaba. Pero como nunca se sabe, yo seguí mirando por los rincones. Incluso con la punta de los dedos examiné los lomos de tus libros.

Darme cuenta de que tú no eras el lugar, ni tu casa mi balsa en la tormenta me vino dado. Como si me hubiese sacudido una descarga, allí mismo, en aquel sillón de cuero. Sentí la urgencia de salir corriendo. Y no volver.

Entré para matar la idea de llegar a la orilla de tu mano. Fue una despedida urgida por mis ganas de escapar. Un tanto desubicada pero firme. Porque tú no eres lo que necesito.

Pero gracias.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Erik el Rojo II

No recuerdo a qué fui a tu casa, no sé si tampoco lo sabía entonces. O sí. Fue un momento raro, seco, distinto. Estabas frío; yo, cansada. La última vez que nos habíamos visto había sido una noche de caos de alcohol en la arena, donde tú te olvidaste de mí porque qué hacía yo allí en medio de todo y de todos. 
Las noches de San Juan nunca me han ido bien. Pero ese es otro tema.
Nos asomamos a la ventana. Sacudí por ella la camiseta que llevaba, amarilla, porque se me habían pegado un montón mosquitos. Maldito amarillo. Tú no llevabas camiseta. Miré tu piel no sé si sabiendo que era la última vez. Pero aquello era un final, y yo tenía claro que lo era. Que ya no más.
Creo que tú no lo sabías.
Tanto había soportado, tanto te había querido, tanto te seguía queriendo, tanto me dolía, tan perdida estaba. Conté tus incontables lunares una vez más, me despedí de tu pelo, que me fascinaba.
Tú mirabas a lo lejos. Creo que te dije un simple “adiós, Erik”. Te di un beso en el brazo, ni siquiera te volviste.
Y saliste de mi vida. O, más bien, yo me zafé de la tuya.

martes, 19 de noviembre de 2013

La última vez

Rupturas.
A veces como se desgasta una montaña, a golpe de caricias del viento, heladas y agua azotando. Poco a poco, suave. Se deshilacha el amor, se diluye el cariño, la imagen se vuelve borrosa.

Otras veces como hecatombe. O un terremoto que causa fracturas en el terreno. Grietas sin fin y sin fondo. Y abajo, la nada.

Sea como fuere, hay una última vez. ¿La recuerdas? ¿Qué dijiste? ¿De qué color era nuestra ropa? Probablemente no teníamos ni idea de que esa vez sería la última. Nos despedimos con la promesa vaga de otro encuentro cercano. Y qué pasó después para que nunca más.

Jirones de lo que fue. He perdido un cd, un libro y objetos varios que no me importan, son sólo eso. Por supuesto, nunca los reclamo. Son parte de la pérdida, no tienen alma, no los quiero: los he tirado al abismo. Espero que tú hagas lo propio.

lunes, 18 de noviembre de 2013

No me importa

Como a la petarda de Luz Casal: no me importa nada. O sí, pero nada de lo anterior. Lo de dentro se ha vuelto fuera y guardo como el dragón su tesoro lo que realmente importa.

Lo que realmente. Es decir, cuatro cosas,  cinco personas.

Y mucha rabia. Y mucho dolor. Esto último que era hacia fuera y que ahora es todo hacia dentro.

Nada de lo anterior importa y yo estaba equivocada. De dentro a fuera y al revés.

Es hora de ordenar los armarios. De cerrar puertas y ventanas. Es hora de desparecer de las cosas de este mundo que me son ajenas.

viernes, 25 de octubre de 2013

Gracias por venir

Gracias por venir. Me he pasado casi 48 horas (¿más, menos?) repitiendo la única frase que me salía. Era esa o Menuda mierda. Esta última algo menos formal para la ocasión.

He abrazado mucho. Mucho. Venían a abrazarme a mí, que no tenía consuelo, y yo les consolaba a ellos. Les acariciaba la nuca y les decía "ya, ya..." o "lo sé, lo sé" e incluso "ya está, tranquilo, tranquila". Y era agradable, suave. Todos esos cuellos temblorosos. Todo ese amor.

Otras veces me tiraba como a un madero que flota en el mar, en plancha, y me agarraba para no perderme en la niebla. Y era yo la que me derramaba en hombros ajenos, sabiendo que no había orilla y que sólo quedaba dar besos, abrazar y un caldito de puchero tras otro donde cómo iba a poder comer nada si él ya no podía.

He callado. He callado hasta quedarme sola o con mi costillo. Y he apoyado la frente en el cristal y las manos y bajito le llamaba para que se levantase. Sabiendo que no. Preguntándole cuándo iba a volver, por qué no se dejaba de tonterías y se levantaba de una puñetera vez, dónde estaba. Y otras veces me quedaba ante la puerta leyendo su nombre y le decía al rótulo en voz alta, cabreada, que ese no era él, que ahí no estaba mi padre. Y me enfadaba preguntándole dónde narices se había metido. Y quería buscar un rotulador gordo, negro, para tachar esa puta palabra: FALLECIDO. Y todo eso me pasaba por la cabeza sabiendo que era mentira, que parecía una loca, pero sin poder dejar de hablarle todo el rato.

Mi costillo, pobre, lloraba al oírme decir esas cosas mientras el suelo se abría a mis pies y el mundo se me desplomaba encima.

Luego volvían los abrazadores que querían consolarme pero buscaban consuelo. Y me decían que habían perdido a un hermano, a un amigo, a un ser insustituible. Los que podían hablar, claro.

Pero cuánto amor, madre, cuánto amor. Qué suerte tengo: cuánta gente quería a mi padre. No se cabía allí, sigo sin dar a basto a besos, a mensajes, a llamadas. Todos me cuentan cuánto lo querían, qué buena gente era, qué divertido, dicharachero, buen amigo, inteligente, culto, generoso, buen conversador... Mi padre se ha ido rodeado de amor, con las ganas de vivir intactas, sin enterarse. Qué buena muerte, papá, qué buena muerte si es que ese concepto existe. Pero qué temprana y qué injusta.


lunes, 7 de octubre de 2013

Una taza de café

¿Todos somos compradores impulsivos? Yo sí. Mucho. Que lo sea no quiere decir que me deje llevar, sólo a veces.

Una de esas veces fue un libro que se llamaba “Una taza de café lo arregla todo”. Me gustó la portada, el título, la reseña. Menudo bodrio, por cierto, no pasé de la página 50. ¿He hablado aquí de él? No estoy segura, creo que sí.


Mike & The Mechanics, Another Cup of Coffee.

Esta canción habla de relaciones rotas, de lo pasado, de tomarse otra taza de café como un “sigue adelante” ¿Todo con una taza de café mejora? No, claro.

Un suspiro, un alto, un descanso del torbellino en la cabeza. Paladear y entrecerrar los ojos, sólo el sabor suave y amarronado. Supongo que es la pausa del cigarrillo que tan bien he conocido. Un momento de standby. Y, por lo tanto, una pequeña reflexión, tomar una bocanada de aire, un trago de café. Y acariciarlo con la lengua mientras inunda la cavidad bucal en un gesto de autocaricia, autoconsuelo.

Esta mañana he venido cantando “Don’t look back, don’t give up. Pour yourself another cup”. Y también es como un suspiro, otra semana que empieza.

Tómate otra taza de café y sigue adelante.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Para M.

Vengo a contarte que tu risa me da vida.

Verla es ver que te alejas un poco de la bruma que hace distancia, y te siento casi al alcance mi mano. Para coger la tuya y no soltarte. Apretarla y hacer pasar la corriente de mi sangre llena de fuerza. De mi cuerpo al tuyo.

Vengo a contarte que oír tu risa por teléfono me da vida. Se me encoge el alma de cascabeles y te siento un poco más cerca. Un hilillo como de baba rosa, de tu ser al mío. Ida y vuelta, como si pudiera atarte a la tierra. Lazo suave con el que sujetarte para que no te pierdas nunca.

Y cada reverberación en el aire de tu voz fina y blanca es un momento más de regalo. Y una posibilidad de volver a abrazarte.

Vengo a contarte que tu risa me da vida. Gracias por dejar que te la provoque, gracias por compartirla conmigo.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Cansada

Estoy cansada. Cansada. Cansada. De pelear contra molinos de viento. A qué seguir en pie luchando contra lo imposible. No puedo competir con una idea, una utopía. No puedo competir con ellos. Es demasiado grande y yo demasiado nada.

Estoy cansada de ser yo misma, de vivir en mi cuerpo, de estas chispas entre células que soy yo. Es difícil vivir conmigo. Y otras veces me lo pongo peor.

Cansada de respirar, de tener que dar una respuesta. De decidir qué y cuándo. Cansada de elegir y de tener que hacerlo. De no saber qué quiero.

Cansada de disculpar, de imaginar razones, de drama por todo, de intentar convencerme de que las cosas no son lo que parecen. De seguir caminando.

Cansada de hacer el esfuerzo, de que no se note. De que no parezca. De mirar de reojo. De que todo es demasiado difícil. Todo es una montaña y yo no sé escalar.

Cansada.

lunes, 12 de agosto de 2013

A mí también

A mí también me gusta que digan que me han necesitado, que la diferencia entre ser y no ser yo es relevante, que se alegran de que estoy, que cuento.

A mí, que me precio de ver signos y señales, también me parece que ese gesto, ese apretón en el brazo, esa palabra, a veces no me bastan. O no están. Sobre todo, no están.

A mí, que nunca soy suficiente, nunca sé dar lo oportuno, que no sé consolar más allá de unas palabras, que no valgo, también me vale cualquier palabra para confirmar todo eso.

A mí también me gusta que me cuiden. Pero no sé dejarme.

lunes, 22 de julio de 2013

Yo, Salieri

Tercera acepción del prefijo Meta-, según la Wikipedia:

3.- También puede significar “que trasciende”, “que abarca”, en términos como "metalenguaje", significa que el concepto que designa el sustantivo recae sobre sí mismo, en este caso, hablaríamos de un lenguaje que reflexiona sobre el lenguaje mismo; "metaliteratura" es la literatura que analiza el concepto literatura.

Y yo vivo en ese prefijo constante: fuera de las cosas, sin conseguir que me lleguen, deambulando por su exterior. Demasiado selfconcious como para dejarme llevar. Mirando con curiosidad casi científica y una buena dosis de envidia a los que pueden hacerlo, a los que saben hacerlo. Porque yo no. O yo rara vez.

Si estoy leyendo un libro es fácil que acabe saliéndome de él y se me llene la cabeza de preguntas. ¿Qué está queriendo hacer este autor? ¿Adónde quiere llevarme? ¿Con qué recursos? Y claro, no queda hueco para que me entre la historia por los poros. Barrera de comentario de textos levantada durante mis años de estudiante. Barrera de coral que araña y rompe porque muchas veces la historia o las ideas no pueden pasar.

A las pocas páginas me saltan las alarmas:  este tío es un pedante, esta señora se pincha, este petimetre se ha documentado leyendo tapas de yogur, esta soplagaitas tira de tópicos que lo flipa. Y así van cayendo maniqueísmos, lugares comunes, "en mi mente", errores de concepto, ideología. Y qué decir de faltas de concordancia, leísmos, laísmos, palabrería pomposa y demás. Un desastre. Un puto desastre esta manía mía.

Soy el Salieri de Amadeus que odia a Dios y le declara la guerra porque le ha dado la virtud de admirar la grandeza de su envidiado pero no el talento para igualarlo. Pero yo ni siquiera soy un Salieri. Mis argumentos cojean, la impaciencia me come y no reviso mis textos, salto de un asunto a otro, cometo faltas, no sé puntuar. No sé escribir pero soy una crítica feroz de todo lo que leo. Y sólo detectar un indicio de que puedo estar tratando con un borrico pomposo me quita las ganas de seguir. Hay mucho borrico pomposo escritor, no me fastidies. Y mucha borrica pomposa lectora: servidora, para lo que gusten.

Y así he pasado de lectora compulsiva, de ratón de biblioteca, de oruga voraz a señora que no lee.

Esta no es la única razón. Pero es importante.

jueves, 18 de julio de 2013

Uróboros

En Barrio Sésamo se repetían muchas de las animaciones y canciones: el "uno-dos-tres-cuaa-tro-cin-co-seis-sieete-ochonuevediezoncedoce tururururu" del pinball es un clásico. Pero yo recuerdo una que me gustaba especialmente y que no he podido encontrar pese a buscarla bastante. Se trataba de un dibujo en el que un pintor iba dando brochazos de pintura roja a las paredes del cuadrado en el que estaba inserto, arriba, abajo y a su alrededor hasta que se iba quedando sin espacio disponible y, en un último brochazo, se eliminaba a sí mismo en el hueco reducido que le quedaba.

 

Metáfora que me ha venido a la mente al verme acorralada y rodeada, cada vez más restringida de movimiento y reacción, por mi propia rabia. Una rabia que me come y me bloquea, que me va encogiendo la piel cada vez más hasta ser pequeñita, yo misma un pequeño punto de energia negativa, como si fuera el principio del Universo. Pero de un Universo feo y que quema. Y si me sigo encogiendo ¿aumentarán tanto mi masa y la presión que me convertiré en un agujero negro? ¿Acabaré implosionando o devorada por mí misma, como la serpiente uróboros?

¿O acabaré rendida al cansancio y lloviendo mejillas abajo sin poder dar explicaciones?

 

martes, 2 de julio de 2013

Contra todo pronóstico

Él es mi compañero de trabajo, a un montón de distancia, en otro país. Empezamos con mal pie y así no se podía trabajar. Hasta que un día hice lo que el instinto me decía que no debía: hacerlo personal. Le pedí disculpas si a veces preguntaba demasiado, pero estaba aprendiendo; le aseguré que en ningún caso pretendía hacerle perder el tiempo y que valoraba muchísimo su ayuda. Le pregunté que por qué contestaba mal en muchas ocasiones, que prefería que simplemente me dijera que no podía ayudarme y punto. Le expliqué que, sin su asistencia, estaba atada de pies y manos, porque hay cosas que sólo desde la central pueden resolverse. Que entendía que pudiera estar estresado, pero que yo no tenía la culpa. Y BINGO.

Nos hicimos amigos.

domingo, 30 de junio de 2013

So close, no matter how far (I)

¿Todos me sentís tan cerca?

¿Soy más real ahora que estás leyendo?

No importan los kilómetros si puedo sentir a alguien aquí a mi lado. Y a veces será ilusión, pero otras será cierto.

viernes, 28 de junio de 2013

La voz

Tu voz. Tu voz conocida y antigua. Tu voz joven y suave. Tu voz, palma de la mano bajo mi garganta, sobre el corazón. Ese rincón de terciopelo negro que retumba al cerrar los ojos. Bendito estéreo. Tu voz.

Como una lluvia de susurros en todo mi pelo, una lluvia que me acaricia sin palabras y siento que no va a pasar nada, que todo está bien. Una voz de arrullo y canción de cuna adulta.

Tu voz.

miércoles, 26 de junio de 2013

Se trata de no resbalar

El equilibrio no puedes perder.

Y de ahí salió el título de este blog. Sorpresa desagradable al descubrirlo. Al volver a escuchar la canción de hacía siglos para mí. Sorpresa desagradable porque ni siquiera soy original al hacer equilibrios para mantener la cordura.

Y ni siquiera es una canción que me guste.

Deprisa, de Danza Invisible

martes, 25 de junio de 2013

La canción

Hay una canción. Da igual cuál porque siempre hay una. Y esa es la llave, la clave, la droga. Esa que le inyectan al héroe de turno para doblegar su voluntad. El fluido sonoro que puede anular el pensamiento consciente. ESA CANCIÓN.

La podría escuchar una y otra vez, en un ciclo enfermizo. Pero no es sólo eso. Es un estado al que cuesta no llegar y hay que hacer un esfuerzo para no cerrar los ojos y dejar que el coche vaya a la deriva. Porque perderíamos el control ambos. Máquina y persona.

Que las notas vayan penetrando por los poros invadiendo el cuerpo y se instalen en alguna parte de la cabeza hasta doler en el pecho como un gas rosa, caliente y perfumado. Como un veneno.

Y entonces, momento peligro. Podrías pedirme lo que quisieras. Y yo estaría hipnotizada. Tango y canción de cuna, el Confía en mí de Kaa.

O el romper el hechizo con tu voz provocaría nuevas oleadas de sueños. Esta vez, asesinos. Quién sabe.

 

jueves, 20 de junio de 2013

Vuelvo a casa

Pero cuándo voy a aprender que no puedo escapar de mí misma. Que Kavafis y su plagiadora tienen razón. Que no puedo escapar de la ciudad porque la llevo en mí, porque soy yo. Y ninguna mudanza bloguera va a cambiar eso.

Tengo que escribir. Quiero escribir. Y a veces no sé cómo.

Gracias por leer este blog.

lunes, 6 de mayo de 2013

Del amor blandito y no tienes poder sobre mí


Llevo unos días dándole vueltas a este tema, más que nada por verlo escrito. Porque para ello debo organizarlo, escoger las piezas que forman el marco del puzzle, intentar (en la medida de lo posible) alisarle las arrugas, alejarme un poco y mirar así la obra impresionista, la bóveda celeste para descubrir oriones y falsas leyendas.

La sensación que intento describir podría definirla como de “acolchamiento”. Y es buena, pero es mala. Es bien, pero es mal, como se diría en Twitter.

Bien, porque protege y todo viene como de lejos. Como estar en el agua y oír una voz que viene de fuera, como tapones de espuma en los oídos, como estar envuelta en un edredón de plumas y la cabeza debajo, respirando suave, blando, blanco y beig. Bien porque es sentir que lo feo, lo estridente, lo que podría romper, resbala por la piel como con aceite de almendras (TAN agradable). Bien, porque es como ver la peli de otro, creyendo que no es a ti.

Mal, porque todo lo anterior es falso. Decorado de cartón que se moja a la más mínima. Mal, porque es tuyo y no lo sientes, no lo vives, no lo cabalgas y dejas atrás. Mal porque, si no se atraviesa, se enquista. Y mal porque, al no salir, luego es válvula a presión de terremotos y berrinches infantiles que al final acaban doliendo tanto como la picadura de una avispa. Pequeñito y redondo pero que va haciendo ondas de dolor hasta alcanzar donde no quieres.

Del amor blandito es eso, sonrisas a media luz, qué poco me cuesta sonreír. Es sentirme blandita y suave, es no sentir.
No tienes poder sobre mí es que no me puedes alcanzar.

Y al leer ambas frases juntas o en poco espacio de tiempo, he entendido que es una señal divina como otra cualquiera (que podría haber sido un soplo de viento o que me cague un pájaro) para escribir de una vez qué es eso del acolchamiento y si es angelito o satanás.

Y me dice alguien experto en la materia que no es bien, para nada.

Pero mientras tanto… oye, mientras tanto. ¿No?

domingo, 5 de mayo de 2013

Del amor blandito y no tienes poder sobre mí (explicación)

(POST con y sin explicación)

He escrito un post. Se llama Del amor blandito y no tienes poder sobre mí. Ambos títulos de la mano de fle. El primero, por ser parte de su blog; el segundo, por ser una frase de una de mis películas favoritas y citarlo ella en twitter no hace mucho.

Aquí explico el post lo más claro y breve que sé, a ver si me sale.

De una forma u otra, por una u otra causa, tengo tendencia a la depresión suave. La depresión para mí no es estar triste y llorar (a ratos) sino que también es, dependiendo de su gravedad, una visión de una especie de pozo oscuro del que no sé salir, un paño negro que me cubre la cabeza. Ya estoy con la retórica ¡concéntrate, Bereni-C!.

En cualquier caso, no sé si con la edad o por qué, he descubierto que a veces, cuando no estoy bien, el estado de abatimiento y desesperación cambia. Y cambia porque llega a su cénit, a lo máximo, y de ahí, en vez de caer en picado desde lo alto de la montaña de la angustia, me deslizo blandamente por las nubes, saltando de una a otra (booooing booooooooing). Es un momento estupendo, porque me libera como si abriera la espita de la olla a presión y me siento flotar, tranquila, relajada. Tanto es así, que hasta me parece tener la piel más suave (#encerio).


Es una relajación de palo, y por eso también me crispo súbita y violentamente, pero ese periodo de descanso me hace bien. Porque es como si me cubriera una capa de aceite (con olor a almendras, of course): todo me resbala. Esos días estoy callada, tengo la impresión de que hablo menos y más bajo, todo me viene como de fuera, como si tuviera los oídos taponados con algodón (mi corazón envuelto en porexpan, nada puede dañarlo). Está bien eso.

Bueno, pero no está bien. Porque no es real. Así es que es una huida hacia dentro (
mode avestruz on) en la que no afronto, ni peno, ni atravieso ni resuelvo nada. Por eso es malo. Porque yo sigo mal y sigo sin querer ver a nadie, sin poder concentrarme en la lectura, sin querer salir a la calle, sin querer hacer otra cosa que no sea meterme en la cama y taparme con el edredón.

Y de ahí nació el post que podréis leer mañana.

viernes, 3 de mayo de 2013

Los posts crípticos y yo. Una historia de amor.


Releyendo y preguntándome por qué tengo una cosa en la cabeza y me sale otra.
Aparte de que la palabra circunloquio parece que la inventaron para mí, me dejo llevar por el ritmo de las frases en una imposible prosa poética que no me sale, que no.
Si a eso le sumamos que no hablo claro porque no quiero que se entienda claro o que nadie se dé por aludido* aunque nada tenga que ver, pues ya está el post críptico en su punto. Oliendo a vainilla y así, con guinda y todo. Y a mí NO ME GUSTA LEER POST CRÍPTICOS.

Hay que fastidiarse, y lo bien que me salen, HOYGAN.

A lo mejor es que en el fondo soy una INTENSA. Dios mío, EL HORROR EL HORROR.

Próximamente en sus pantallas: Posts explicados. Para que no digan que no les mimo.

*sereyó, sereyó, esos especímenes que pululan por todas partes y a cuyo género pertenezco y que tan hábilmente fueron nombrados así por GordiPe de mis amores.
Por cierto, que una vez me envió un sereyó de esos un mail quejándose de las múltiples indirectas que le lanzaba y diciéndome que ya valía de machacarle, y todavía me pongo así O_o cada vez que me acuerdo. Porque ni eran posts sobre personas ni tenían nada que ver con él. El sujeto en cuestión tenía dos problemas: gilipollez congénita y paranoia. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Erik el Rojo

Esa canción eres tú, no importa que no lo sepas. Es la cadencia perfecta para hacer el amor, me dijiste. A mí, que ni había dado el primer beso, ese tipo Spiderman, al revés, que fue el principio y con el que sellaste algo que aún no sé cómo llamar.
Demasiado avergonzada para despegar los labios, aparté la vista. Qué carajos iba yo a saber de ritmos, amor o polvos por aquel entonces.

Te gustaba provocarme. Supongo que te divertía. Para mí eras el maestro, el summum, el amo y señor. Qué vergüenza ser tan débil. Qué vergüenza que aprovecharas esa ventaja.

Pero no odio la canción, a pesar de ti. A pesar de encontrármela cada poco, clásico entre los clásicos. Sólo me molesta acordarme de tus palabras así, asalto en medio de la nada. Y doy manotazos en el aire para espantar las notas, tu presencia y el rencor. Y casi casi lo consigo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Adiós, febrero.

Hoy es el último día. Qué le está pasando a este mes que coincido con gente de mi entorno en que está siendo un asco.
Queremos que se acabe. Papirotazo al calendario. Patada al conjunto de días estructurado en semanas.

Un cambio de fecha para dejar de escribir ese maldito dos antes del año y pasar a 01/03/2013. Y desde ahí. Mes nuevo. Marzo dientecillos de metal, frío que purifica.

Digo yo, o eso quiero.

viernes, 15 de febrero de 2013

Lluevo (I)

Lloro. Lloro y lloro. No todo el tiempo, no mucho rato. Suave y bajito, sin histrionismos. Más que llorar, lluevo. Lluevo casi sin querer, gotas templadas, redondas y lentas sobre mi regazo.

A veces, por la mañana. La carretera y yo. Y los tontos que ponen las antinieblas cuando chispea, aunque haya atasco. Es un permiso que me doy. No hago daño a nadie, no hay preguntas. Al entrar en el edificio me seco los ojos, me sueno la nariz y estoy a salvo. A salvo de las palabras y las dudas. Unas horas sacando trabajo, manteniendo mi cabeza en organizar, producir, gestionar. Ese Tetris que me calma.

Y también de noche. Cuando la cocina está recogida y la niña acostada. Se me encoge algo dentro hasta hacerse un nudo de pañuelo. A veces de tan fuerte apretado que cuesta respirar. Otras suave que se deshace en el agua de las lágrimas, pañuelo de tela húmedo y estampado. Me aburre leer ahora, así es que desconecto jugando a formar filas y columnas de ranas y ositos. Line Pop. El nuevo Jewels, tan simple, tan adictivo. Hortera como sólo los japoneses saben ser. Caen los dibujos y a mí se me empieza a caer el cansancio por las mejillas, rodándome esta tristeza vacía piel abajo.

jueves, 24 de enero de 2013

La medida aproximada.

Y aprovechando que es la hora ya de arreglarme para irme a currar, voy a escribir una entrada. Porque sí y porque he encontrado el teclado inalámbrico que me trajo Papá Noel, que ya me vale.

Y porque estoy intentando encontrar la medida de mi ira. Cabrearme cuando tengo que hacerlo y dar un golpe en la mesa con el puño. Que me resbale lo que me tiene que resbalar y no que sólo consiga dolor de estómago y ninguna ventaja.

Ayer fue un buen día para eso. Claro que tengo que afinar. Hay mucho tramo entre cegarse y bloquearse cuando no sirve para nada y dar ese puñetazo en la mesa para que dejen de tomarte por idiota. Cada vez me sale menos mal.

Hoy volveré a intentarlo.

martes, 22 de enero de 2013

Distancia de seguridad

Yo te quiero, pero a veces lejos y a veces cerca. Y así es difícil, más bien imposible.

Porque esto es fascinación. No se me ocurre otro calificativo. Etiqueta que clasifica y uf quédate tranquila que ya no hay caos. Pero sí lo hay.

Porque me fascinas. Adivino sombras y fuegos artificiales. Y ahí en el fondo de tus ojos líquidos está la luz negra. Esa mancha apenas perceptible de la que soy incapaz de saber si es una luz agujero negro que va a devorarme (o aún peor, a dejarme viva, a medio comer), un puntito que me invento por lo del misterio y la aventura, un agujerito lleno de sésamo tostado, dulce y secreto o una mancha de mierda en mi propia pupila hecha de miedo e inseguridades.

Así es que creo que me dejo querer, pero siempre con la mano tendida. No para que la tomes, sino como tope y barrera. Hasta aquí, no te acerques. Lánzame monedas para que baile, pero no me toques.

Y me pregunto todo el tiempo si soy precavida e intuitiva o simplemente imbécil y loca.

sábado, 19 de enero de 2013

Prueba de vida

Probando a escribir cuando no quieres abrir la caja de dentro. Qué raro ¿no?

Queriendo escribir pero sin querer compartir.

No sé si me saldrá.