sábado, 8 de septiembre de 2012

En 8 minutos

Empiezo este post a las 3:08 de la madrugada. Exactamente. Lo sé porque tengo justo delante el despertador con la alarma puesta a las 8:00. Y no sé qué carajos me pasa.

Estoy de vacaciones. Sí, en casa. Me gusta tomarme mi tiempo para estar aquí, poder hacer gestiones, ver tiendas, ir al parque tranquilamente. Me gusta disfrutar de mi casa, mi pueblo.

Pero no puedo dormir. El cansancio no basta. Tengo electricidad en las tripas, nervios en la cabeza, luces y sonido a toda mecha, como en una discoteca. Y no sé por qué estos relámpagos de cosas por hacer, esta ansiedad por nada. Sueño. Sueño con que trabajo o estoy en situaciones estresantes. Y claro, eso no ayuda nada.

Mañana tengo un día estupendo, pero me lo boicoteo quedándome hasta las mil con los ojos como platos. Tengo un día para mí que además ha supuesto una inversión de dinero y que, de no dormir lo suficiente, echaré por tierra a base de cefalea de la guay.

Y no sé por qué me hago esto.

Son las 3:16

jueves, 6 de septiembre de 2012

Mi nombre

Mi nombre es uno de esos nombres largos que suelen romperse por el mismo sitio. Y ese diminutivo no me gusta. Cuando lo oigo, siento un pellizco de monja a la altura de mis años. Porque por una fracción de segundo, seguro que menos, me veo chiquita y es la voz de mi madre la que me llama.

Tengo un problema con eso. Es la voz de la castración, de mi infancia dominada, de la niña dócil a base de palos (no necesariamente físicos, esos fueron las cuatro tortas de rigor que muchos de mi generación hemos recibido). Es la voz de la incomprensión, es el dolor y las ganas de llorar que tantas veces me tragué porque no servían más que para empeorar la situación y ser objeto de burla por débil. Y mi madre no quería que yo lo fuera. Erró completamente en el método. Y consiguió una hija débil como pocas, con la autoestima por el suelo, que se avergonzaba de sus logros y escondía su fragilidad.

Me pregunto con dolor (esta es la palabra conductora, y no mi nombre, de este post) por qué apenas recuerdo los buenos momentos o no me producen más placer. Por qué no soy capaz de escribir todo lo TODO que es para mí esto que estoy tocando. Por qué ahora mismo me duele con tanta pena y tan agudo, tan profundo.

Mi nombre es esa niña asustada y perdida que se pasaba las noches en blanco tiritando bajo la manta de puro miedo. Esa que se dormía de puro cansancio y que un día casi se ahoga con tanto taparse. Mi nombre son años de rencor y de incomprensión pura y dura. Porque yo no entendía.

Mi nombre. Ese que cambié. Cambios de imagen, de redistribución de los muebles de mi cuarto, de amigos, de trabajo. Y el GRAN CAMBIO para dejarlo todo atrás pero que te persiga como a un fantasma de pega su cadena con remate de bola.

No quiero volver, no quiero que me recuerden cuál es mi nombre. Y una de las cosas que más me cuesta controlar es la rabia al oír cosas como "se llama TAL pero DICE que se llama CUAL". ¿Qué narices sabrás tú?

¿Qué sé yo de los demás y que saben ellos de mí para ir juzgando?

Mi nombre será ese, pero ya no es reconocido. Ahora es símbolo de lo que fui y adonde no quiero volver. De mis carencias y dolor (otra vez, sí). Yo YA no soy esa. Yo soy aquí y ahora. Respetadme.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La casa

Una casa. Allá lejos verde y lluvia. Hoy me he pasado el día intentando desprenderme de su olor. Esa pátina negra que se me pega a la alegría y no la deja respirar.

Nada que me recuerde a ella, así es que lavadora tras lavadora han ido cayendo los juegos de sábanas, las toallas y el alma, esa que no tengo. 60º y que arrastre por el desagüe los ríos de lágrimas, los gritos y la furia ciega.

Pero su olor sigue metido en mí.

Ni el jardín no el limonero. Ni el silencio ni las ventanas de madera. Todo apesta a malos recuerdos.

Y no quiero volver en mucho tiempo. Quizás en todo el tiempo del mundo.

 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Aire

Necesito libertad. Necesito que no me conozcáis ni conocernos. Necesito mudar de piel y ser libre. Necesito que las palabras no quemen, ni muerdan ni den lástima.

Necesito una bañera de espuma con velitas y chill-out. Necesito una bebida chachins en una copa sencilla pero cool. Necesito darle al stand by.

Necesito aire que huela a eucalipto, terciopelo azul por dentro de los párpados y burbujas en el culo. O velas de vainilla y mecedora con gato dormido.

No necesito reloj, no necesito luz brillante, no necesito voces ni este viento helado.