jueves, 28 de noviembre de 2013

Erik el Rojo II

No recuerdo a qué fui a tu casa, no sé si tampoco lo sabía entonces. O sí. Fue un momento raro, seco, distinto. Estabas frío; yo, cansada. La última vez que nos habíamos visto había sido una noche de caos de alcohol en la arena, donde tú te olvidaste de mí porque qué hacía yo allí en medio de todo y de todos. 
Las noches de San Juan nunca me han ido bien. Pero ese es otro tema.
Nos asomamos a la ventana. Sacudí por ella la camiseta que llevaba, amarilla, porque se me habían pegado un montón mosquitos. Maldito amarillo. Tú no llevabas camiseta. Miré tu piel no sé si sabiendo que era la última vez. Pero aquello era un final, y yo tenía claro que lo era. Que ya no más.
Creo que tú no lo sabías.
Tanto había soportado, tanto te había querido, tanto te seguía queriendo, tanto me dolía, tan perdida estaba. Conté tus incontables lunares una vez más, me despedí de tu pelo, que me fascinaba.
Tú mirabas a lo lejos. Creo que te dije un simple “adiós, Erik”. Te di un beso en el brazo, ni siquiera te volviste.
Y saliste de mi vida. O, más bien, yo me zafé de la tuya.

martes, 19 de noviembre de 2013

La última vez

Rupturas.
A veces como se desgasta una montaña, a golpe de caricias del viento, heladas y agua azotando. Poco a poco, suave. Se deshilacha el amor, se diluye el cariño, la imagen se vuelve borrosa.

Otras veces como hecatombe. O un terremoto que causa fracturas en el terreno. Grietas sin fin y sin fondo. Y abajo, la nada.

Sea como fuere, hay una última vez. ¿La recuerdas? ¿Qué dijiste? ¿De qué color era nuestra ropa? Probablemente no teníamos ni idea de que esa vez sería la última. Nos despedimos con la promesa vaga de otro encuentro cercano. Y qué pasó después para que nunca más.

Jirones de lo que fue. He perdido un cd, un libro y objetos varios que no me importan, son sólo eso. Por supuesto, nunca los reclamo. Son parte de la pérdida, no tienen alma, no los quiero: los he tirado al abismo. Espero que tú hagas lo propio.

lunes, 18 de noviembre de 2013

No me importa

Como a la petarda de Luz Casal: no me importa nada. O sí, pero nada de lo anterior. Lo de dentro se ha vuelto fuera y guardo como el dragón su tesoro lo que realmente importa.

Lo que realmente. Es decir, cuatro cosas,  cinco personas.

Y mucha rabia. Y mucho dolor. Esto último que era hacia fuera y que ahora es todo hacia dentro.

Nada de lo anterior importa y yo estaba equivocada. De dentro a fuera y al revés.

Es hora de ordenar los armarios. De cerrar puertas y ventanas. Es hora de desparecer de las cosas de este mundo que me son ajenas.